viernes, 26 de diciembre de 2014

Diomedes Díaz o la banalidad del mal


"La imagen que habían creado era la de un mal libro; ahora han de probar que fue escrito por una mala persona" Hannah Arendt sobre Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal.

En una columna publicada en días recientes, el periodista Oscar Sevillano criticó el lanzamiento de la nueva producción de RCN sobre la vida y obra del cantautor vallenato Diomedes Díaz. Cuestiona que un canal de televisión sea capaz de rendir homenaje a un hombre que pagó a medias una condena por el homicidio de una mujer. Aun reconociendo sus calidades artísticas, Sevillano se pregunta si "¿Estará preparado el país para ver en pantalla la exaltación a una persona que hizo parte de un hecho bastante oscuro que los colombianos aun no olvidan?". 

Vivo o muerto, Diomedes Díaz siempre estuvo expuesto a la palestra pública. Sus reprochables actos terminaron por ganarle la antipatía de no pocos colombianos. Muchos otros, quizás más osados, llegaron inclusive a cuestionar la valía de su obra musical. De alguna forma, a los ojos de muchos Diomedes se convirtió en el anti-héroe, en lo opuesto al ideal del buen colombiano. Los colombianos (en una cualidad que no es exclusiva de ellos) tienden a dividir a los personajes públicos entre buenos y malos, entre quienes responden a nuestro ideal de hombre bueno, y quienes con sus actos se oponen a él.

En general, reducimos la realidad al binomio Bien vs. Mal. Creemos ingenuamente que existen personas buenas y malas. En lo personal, no creo en tal premisa. Por el contrario, creo que TODOS nosotros somos capaces de cometer los actos más abominables y al mismo tiempo ser ejemplos de nobleza y pulcritud. No existe NADIE que sea tan bueno como para como ser amado por todos, ni tan malo para que tenga que ser odiado por todos sin excepción alguna.

Adolfo Hitler encarna el mal en toda su extensión. Cualquiera en su sano juicio está obligado a odiarle, y en varios países es delito expresarle públicamente devoción. El emprendió una carrera alimentada por el odio y el racismo que acabó con la vida de millones y millones de mujeres y hombres inocentes. En sus campos de concentración judíos, gitanos, homosexuales y disidentes políticos encontraron la muerte de manera indescriptible. No tiene caso negar los abominables crímenes que fueron cometidos en su nombre (negarlos también constituye un delito en varios países europeos). Sin embargo, Hitler, la encarnación más abrumadora del mal, tenía una faceta menos cruda, y por extraño que parezca, más humana. La compasión que jamas demostró para con sus "enemigos", si la tuvo con los animales. Hitler aborrecía el maltrato animal. Era vegano, inclusive. No desperdiciaba oportunidad alguna para animar a sus aliados políticos a abandonar el consumo de carne, y se encargó, como muy pocos líderes de su tiempo, de establecer una estricta legislación para la protección animal, que aún existe en Alemania aunque sometida a ciertos cambios. 

Tanto el bien como el mal son naturales a cualquier ser humano, por muy noble o malvado que sea. Entonces, ¿Que diferencia a Diomedes Díaz de cualquier hijo de vecina, ciudadano de a pie o persona común y corriente? ¿Que hace que su vida siempre sea objeto de tanta censura? Que su vida (y de paso su legado más allá de la muerte) está permanentemente sometida a la vigilancia pública. Sus actos no son medidos con la misma vara con que son medidos los nuestros. Y su maldad, tan solo por el hecho de ser él una figura pública, es vista ante nuestros ojos como el mayor de los pecados. Mientras tanto, nuestra propia maldad, al menos en lo público, queda impune gracias a nuestro anonimato.

La pregunta clave después de todo es: ¿Debiéramos renunciar a rendir homenajes públicos a la vida y obra de Diomedes Díaz tan solo en virtud de sus actos de maldad? En caso tal, y en aras de ser justos, deberíamos renunciar a la mitad, sino a la totalidad, de nuestra cultura artística e intelectual. Y es que NINGUNO de nuestros artistas o intelectuales están libres de macula. TODOS han cometido actos de maldad. ¿Debiéramos renunciar a la obra de Louis Althusser por el hecho de haber estrangulado a su esposa en un supuesto acto de locura? ¿O a la de Charles Dickens por el hecho de haber cambiado a su esposa por una muchacha de 18 años, y por si no fuera poco haberle dicho públicamente que era una "burra" carente de cualidades intelectuales? No tendría caso enumerar las faltas de todos nuestros modelos históricos. Pero una sugestiva lista podría ser útil: 
  • Cuando se habla de actores de Hollywood consecuentes y solidarios son causas justas, Sean Penn siempre aparece en la lista. Su amistad con el finado Hugo Chavez es celebre. Sin embargo, fue también celebre la brutal golpiza que le propinó a Madonna cuando ella era su esposa. 
  • Axl Rose y Eric Clapton son iconos de la música rock, auténticos genios del genero. Ambos aprovecharon su posición en la tarima para lanzar insultos racistas. Clapton llegó a decir "Keep Britain White", para sugerir que deberían mantener al Reino Unido libre de inmigrantes de color, para así evitar que el país se convirtiera en una "colonia de negros". 
  • Joaquin Sabina, el cantante español celebre entre humanistas, alternativos y BoBos (Burgueses Bohemios), apoya la tauromaquia. En alguna ocasión dijo: "No vayan a los toros si no quieren. Pero dejen de tocarnos los cojones". 
  • Cuando Jorge Luis Borges se enteró del golpe militar que derrocó a Isabel Perón en 1976 estalló en jubilo, al igual que muchos otros argentinos que celebraron la caída de un gobierno torpe y desvencijado. Sin embargo, cuando el régimen militar comenzó a poner en evidencia la sistemática violación de derechos humanos y libertades civiles, Borges guardo silencio. Se dice que por tal motivo nunca recibió el Premio Nobel de Literatura. 
  • John Wayne era uno de los pilares de Hollywood durante los años 60 y 70. Ademas de sus cualidades artísticas, él también se destacó por su respaldo abierto a supremacía blanca hasta "cuando los negros fueron educados para ser responsables". 
  • Walt Disney tuvo fama de anti-semita (y su simpatía con colegas afiliados al Partido Nazi están demostradas) lo que no ha sido impedimento para que su vida fuera trasladada recientemente a la pantalla grande. 
Los actos de maldad merecen repudio y castigo. Eso está fuera de discusión. Pero suponer que la vida de nuestras figuras públicas deber ser sometida al ostracismo en virtud de sus actos es un acto de ingenuidad. Lo único que nos queda es condenar la maldad ajena, sin olvidar que nosotros estamos lejos de ser sustancialmente mejor que ellos. 


sábado, 13 de diciembre de 2014

Las ultimas palabras ...



Seguramente Eric Garner jamás pensó que sus ultimas palabras habrían de figurar en los titulares de la prensa mundial. De no haber existido una grabación que expusiera a la opinión pública las circunstancias de su muerte, Garner probablemente hubiese sido un afroamericano mas en la larga lista victimas de acciones policiales en los Estados Unidos. El vídeo muestra como un grupo de agentes de policía intentan poner bajo arresto a Garner, quien yacía en el suelo, inmovilizado, y repitiendo con insistencia: "No puedo respirar". Al menos 11 veces lo dijo hasta perder la conciencia. Una hora después, moriría como resultado del hecho. Sus ultimas palabras, por muy sencillas que fueran, se convirtieron rápidamente en el eslogan de numerosas manifestaciones en contra de la brutalidad policial y la injusticia racial. Sencillas, cortas, y no pocas veces incoherentes, las ultimas palabras bien podrían ser el epilogo de largas vidas, tan solo cobrando sentido si son leídas a la luz de los años que le antecedieron. Algunas por el contrario, son tan profundas y elaboradas, que solo pueden ser vistas como el cierre con broche de oro de vidas excepcionales y llenas de genialidad. Las palabras que a continuación siguen son el ultimo legado concedido por veinte personajes históricos antes de partir al único viaje sin retorno alguno: 
  • "Yo no quiero morir. Por favor, no me dejen morir". Hugo Chavez (1954-2013). Presidente de Venezuela
  • "Mátame de frente porque quiero verte para darte el perdón". Joan Alsina (1942-1973). Sacerdote español. Ejecutado en los días posteriores al golpe de estado en contra de Salvador Allende en Chile. 
  • "Diccionario". Joseph Wright (1855-1930). Filólogo británico. 
  • "Ten piedad. No lo hagas, no lo hagas". Theo Van Gogh (1957-2004). Cineasta holandés. Fue un critico prominente del avance de los valores tradicionales en Europa como resultado de la inmigración proveniente del mundo islámico. Fue asesinado por un ciudadano holandés de origen marroquí. 
  • "No mueran como yo". George Best (1946-2005). Futbolista británico. En sus últimos años había sufrido de alcoholismo, lo cual condujo progresivamente a su muerte.
  • "¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar usted a un hombre!". Ernesto Guevara (1928-1967) Revolucionario latinoamericano. 
  • "Matarme no hará regresar a ninguna de las victimas. ¡El estado me esta asesinando!¡Besadme el culo!" John Wayne Gacy (1942-1994) Asesino serial estadounidense. 
  • "Creo que una vida dedicada a la música es una existencia gastada maravillosamente, y es a eso a lo que le he dedicado mi vida." Luciano Pavarotti (1935-2007). Tenor italiano. 
  • "Desde el día de mi nacimiento, la muerte comenzó su camino. Esta caminando hacía mi, sin prisa." Jean Cocteau (1889-1963). Poeta y pintor francés.
  • "¡Maldición! No te atrevas a pedirle a Dios que me ayude" Joan Crawford (1905-1977) Actriz estadounidense. Crawford se refería a su ama de llaves quien rezaba por ella junto a su lecho de muerte. 
  • "¿Que es la vida? Es el destello de una luciérnaga en la noche. Es el aliento de un búfalo en el invierno. Es la pequeña sombra que corre a través de la grama, y que se pierde en el atardecer." Crowfoot (circa 1821 - 1890) Jefe Nativo Americano. 
  • "¿Donde esta mi reloj?" Salvador Dalí (1904-1989). Pintor español. 
  • "¡Hurra por la anarquía! Este es el momento mas feliz de mi vida". George Engel (1836-1887) Sindicalista y anarquista estadounidense. Ahorcado tras ser responsabilizado del atentado al Haymarket, en el que murieron siete agentes de policía. 
  • "Si alguien tiene un mensaje para el diablo, dénmelo a mi. Estoy a punto de encontrarme con él." Luvinia Fisher (1793-1820). Asesina serial estadounidense. 
  • "Finalmente voy a volver a encontrarme con Marilyn". Joe DiMaggio (1914-1999). Beisbolista estadounidense. En sus últimas palabras aludía a Marilyn Monroe, su ex-esposa, y quien había fallecido por una sobredosis de drogas en 1962. 
  • "Pena capital significa que aquellos que no tienen el capital sufren la pena". John Arthur Spenkelink (1949-1979). Criminal estadounidense. Ejecutado tras ser hallado culpable de homicidio en primer grado.
  • "Mamá, mamá, mamá". Truman Capote (1924-1984). Escritor estadounidense. 
  • "Uno nunca conoce el final. Uno tiene que morir para saber que pasa realmente después de la muerte. Aunque los católicos tienen sus esperanzas". Alfred Hitchcook (1899-1980). Director de cine estadounidense.  
  • "¡Maldición! Como voy a salir de este laberinto"! Simón Bolívar (1783-1830). Líder militar y gestor de las independencias nacionales en América del Sur. 
  • "Las ultimas palabras son para tontos que no han dicho lo suficiente". Karl Marx (1818-1883). Pensador, revolucionario y teórico político alemán. 

martes, 4 de noviembre de 2014

Blas de Lezo, Vernon y Dionisio: el debate por la memoria histórica en Cartagena

Ataque de Vernon a Cartagena (1741)

Se puede estar en desacuerdo o no con que el alcalde de Cartagena, Dionisio Velez, haya decidido colocar una placa para honrar la memoria de las victimas del fatídico intento del Almirante inglés Edward Vernon de tomarse la ciudad en 1741. Quienes le critican sostienen que es una falta de respeto con la memoria de los defensores de la plaza colonial, y sobre todo con Blas de Lezo, quien comandó su defensa y cuya estatua esta justo detrás de la placa. Otros simplemente lamentan el gesto condescendiente y lastimero de un alcalde que se desvela mas por rendirle pleitesias a cuanta celebridad visita la ciudad, que por resolver los críticos problemas que afectan a las vastas mayorías cartageneras, comenzando por la abrumadora racha de homicidios que tan solo el mes pasado cobró la vida de mas de una veintena de personas, siendo la mas alta de los últimos años. Por otro lado, quienes le apoyan, y entre ellos quienes gestionaron la colocación de la placa (incluyendo al cuestionado ex-ministro Sabas Pretelt de la Vega), argumentan que ella bien podría servir para alentar la visita de cruceros y de turistas del Reino Unido. Tal argumento encarna un peligro aún mas serio que el irrespeto a la memoria de los defensores de la plaza, o a la actitud laxa y complaciente del alcalde, y es el hecho de que sea el turismo el que marque la pauta de la memoria oficial en Cartagena.

Desde hace mas de 50 años hemos modelado la estructura física de la ciudad (previa segregación y exclusión de sus locales) con tal de adaptarla a las expectativas de la industria turística. Como si no bastara, ahora se insiste en modelar la memoria histórica de modo tal que sirva a los mismos fines. Los dos procesos han marchado en paralelo y se han complementado mutuamente. El patrimonio material de la ciudad se impuso por encima de su patrimonio inmaterial y humano, y se construyó sobre la base una narrativa histórica mas apegada a la muralla, que a quienes murieron por edificarla. Siendo la memoria histórica el fundamento primario para la construcción de nuestra identidad étnica, cultural y social, es sumamente delicado que ella no sea el resultado de un examen juicioso de la historia, del debate entre académicos, y del dialogo de cara a la sociedad, sino de un ejercicio de marketing turístico pensado desde la dirigencia local, el empresariado turístico y un puñado de historiados empíricos. Mas peligroso aún es que esta versión deformada, unilateral y maniquea de la historia se filtre en las escuelas y que las nuevas generaciones se piense así mismas a partir de un discurso histórico sesgado y excluyente.

viernes, 5 de septiembre de 2014

"Ojo por ojo": linchando bandidos en Cartagena



Que la inseguridad se devore a Cartagena no es nada nuevo. Lo que si resulta novedoso es como sus ciudadanos le están haciendo frente al problema. Semana tras semana la prensa registra hechos en los cuales los cartageneros cobran justicia con sus propias manos y capturan, condenan y dictan sentencia a cualquier presunto delincuente pillado infraganti. Turbas de decenas de personas se abalanzan contra el infractor procurando agredirlo tanto y como sea posible. Solo la intervención de la Policía ha impedido que las cosas lleguen a otros extremos. Esta no es mas que la reacción natural de una ciudadanía agotada por la creciente violencia y por la respuesta ineficaz de parte de las autoridades competentes. Ninguna de sus acciones, sean por vía de la fuerza o del dialogo, han llenado las expectativas, y el problema parecería empeorarse cada vez mas. 

La desesperación ha llevado a los cartageneros al limite. La tolerancia y el entendimiento quedan sobrepasados ante el miedo y la ira que genera el acoso permanente de la delincuencia. La falta de caminos ha conducido al recurso temerario de las sociedades donde no reina la consideración entre las partes: la violación sistemática de los derechos individuales. Al presunto delincuente se le niega el derecho a la debida defensa, a un juicio justo, y las instancias son rápidamente evacuadas para dar paso a la apresurada sentencia y la condena. Como norma incontrovertible suenan las voces que justifican los actos amparándose en la inoperatividad de la justicia colombiana y la laxitud de las leyes. Suenan las voces que llaman a que restauren las formas oscuras de la limpieza social, y que se pase por la linea de fuego a cualquiera que haya cometido un delito sin importar su tipo.

¿Que nos da derecho a los ciudadanos a operar como jueces y a ejecutar condenas?¿Que nos garantiza a nosotros que aquellos que huyen de la masa vengadora no son inocentes de los cargos que se le imputan?Si tenemos en cuenta que en las cárceles colombianas no son pocos los que están condenados por delitos que no cometieron, aunque pasaron por un juicio previo en el que expuso todo un material probatorio, ¿que nos hace pensar que estos juicios callejeros y apresurados serán mas certeros?¿Olvidamos que años atrás una enfermera estuvo a punto de ser linchada en el barrio San Francisco cuando se le confundió con una bruja, o que recientemente a un periodista se le iba aplicar el mismo recurso acusándolo de ser un secuestrador de niños, cuando días después quedó claro que todo se trataba de una broma de mal gusto? ¿Cuando fue la última vez que aquellas decididas turbas ciudadanas se propusieron linchar a un político corrupto o a un empresario de fortuna mal-habida? Que cada quien saque sus propias conclusiones. 

martes, 22 de julio de 2014

Cartagena se vuelve prisprí


Cerca de la Plaza de Bolívar había una lonchería donde se vendían jugos naturales, fritos, panes y demás. Era un lugar muy económico, donde por $5000 pesos te podías comer un almuerzo ligero. Pero en Cartagena parece que todo cambiara en lo que tarda un parpadeo. En donde estuvo la loncheria hoy existe un coffee shop (así, en ingles). Cambió de razón social, de precios y de clientela. Palabras mas, palabras menos, se volvió prisprí ("Volverse Prisprí" en costeñól significa ganar estatus social y económico). Nada malo hay en que el comercio quiera renovarse. ¿Pero que sucede cuando los cartageneros no se vuelven prisprí al mismo ritmo en que lo hace su ciudad?  Es allí cuando el habitante local no encaja en la ciudad que habita, y pasa a ser excluido de su oferta turística, cultural y comercial. (De antemano hay que decir que muchos cartageneros no le apuestan a volverse prisprí. Apenas si luchan para resolver lo de las tres comidas, y mantenerse a flote hasta que llegue la próxima paga). 

En días recientes, una jocosa campaña publicitaria que ha aparecido en radio y prensa invita a los cartageneros a disfrutar de las bondades turísticas de la ciudad haciéndoles ver que mientras muchos otros sueñan con vivir en Cartagena para gozar de todas ellas, los residentes locales desaprovechan la oportunidad de sus vidas al no hacerlo. Así como si bastara con vivir en Cartagena para poder gozársela. Pero con solo ver la lista de precios de cualquiera de los mas notorios sitios turísticos uno se da cuenta que para que los cartageneros pudieran gozarse su ciudad haría falta que se ganaran dos o tres veces lo que se echan en el bolsillo cada mes. Mientras en ciudades como Bogotá, la oferta turística y cultural, pública, gratuita y de libre acceso compite con la privada, en Cartagena sus nativos deben pagar sumas exageradas por acceder a cualquiera de las dos, sea pública o no. Cada domingo las calles céntricas de Bogota se inundan de cachacos ávidos de visitar gratuitamente museos, parques y plazas, mientras comen chunchullo, gallina y fritanga. Las calles del centro histórico en Cartagena lucen deshabitadas, y apenas transitadas por unos cuantos turistas foráneos. Desde luego, queda claro que la finalidad de la campaña publicitaria no es invitar a que el cartagenero acuda al centro de la ciudad, sino la de expandir un mercado que se adormece cada vez que acaba la temporada y que los gringos y cachacos regresan a sus propios feudos. Lo decepcionante de todo esto es que mientras en el resto de América Latina los expertos de alarman porque el habitante urbano solo accede a su ciudad en calidad de consumidor, y no de ciudadano, en Cartagena, sus nativos tienen negada la ciudad en cualquiera de sus formas. 

lunes, 23 de junio de 2014

La cruda verdad: la contribución africana a la esclavitud


En medio de las gestiones de paz entre el estado colombiano y las FARC, uno de los temas debatidos ha sido sobre la forma en como las victimas del conflicto armado deben ser reparadas una vez este llegue a su fin. Colombia no es el único país de la región que busca alternativas para resarcir a quienes han sido sometidos a una experiencia violenta. Mientras la reparación para el caso colombiano es debatida en Cuba, en otro rincón del Caribe varios países se organizaron para exigir a las potencias europeas que sus ciudadanos, en su gran mayoría afrodescendientes, sean reparados por los efectos causados tras siglos de esclavitud. Lideres de estado, académicos y activistas han respaldado incondicionalmente la iniciativa. Sin embargo, ella no esta libre de controversias. 

Henry Louis Gates, quizás el académico afroamericano mas reconocido en la actualidad, ha expuesto lo problemático de la reparación en una de sus columnas en el New York Times. El sugiere que la razón por la cual esta iniciativa es tan complicada se debe a que no es posible identificar a un único responsable. La responsabilidad de las potencias imperiales europeas y de las élites blancas en América es indiscutible. Sin embargo, no fueron las únicas implicadas. El punto de partida del trafico negrero estaba en manos de los reinos africanos (como Asante, Dahomey, Mbundu) que se encargaban de capturar a las victimas y de conducirlas a las costas del continente donde posteriormente las vendían a comerciantes europeos, siendo esta actividad una de sus principales fuentes de ingreso. Investigaciones recientes demuestran que al menos un 90% de los esclavizados fueron capturados a través de esta vía. 

La esclavitud por si sola era una institución común entre los africanos. A diferencia de la esclavitud en el mundo occidental, en África ella no era la base de la estructura productiva, y los esclavizados solían trabajar en igual de condiciones que sus amos. Ellos eran por lo general prisioneros de guerra que habiendo sido capturados quedaban convertidos en esclavos. La esclavitud no era hereditaria, y por lo tanto sus hijos eran libres. Siendo ella tan común, no era de extrañarse que algunos reinos africanos decidieran reorientarla un poco con el fin de adquirir fortuna. Los descendientes de africanos en América tampoco tuvieron reparos en hacerlo. Muchos afrodescendientes a lo largo y ancho de América, fuera en las colonias inglesas, españolas o portuguesas, fueron propietarios de esclavos. Y se sabe ademas de algunos casos en los cuales algunos esclavos fueron capaces de adquirir esclavos por su cuenta y de ponerlos a trabajar bajo sus ordenes. 

¿Que llevó a los africanos a esclavizar a los suyos? No existe una respuesta unificada para este interrogante. Se ha dicho que quizás ellos creían que la esclavitud en América no era distinta a la que ellos practicaban. No obstante, es bien sabido que muchos esclavizados lograron regresar a África y que allí pudieron dar cuenta de los horrores que en América debieron soportar. Notables súbditos de los reinos africanos viajaron a Europa y a América y allí debieron ver con sus propios ojos lo que significaba ser un esclavo del otro lado del océano. Sin embargo, no pareció importarles. ¿Porque? Quizás, después de todo, ellos no eran los "suyos". Por encima de los coincidencias físicas, África es y era un continente tan heterogéneo como cualquier otro, y las divisiones étnicas eran numerosas. Las personas que eran esclavizadas quizás provenían de etnias distintas a las de sus captores. De cualquier forma, como afirma Henry Louis Gates: "hombres blancos y negros, de ambos lados del océano, fueron cómplices en una de las paginas mas malvadas de la historia de la humanidad."

Todas estos hallazgos indudablemente complican el debate sobre la reparación. La discusión tendrá que pasar por un serio y riguroso escrutinio de las dinámicas de la esclavitud antes de procurar resarcir sus efectos en el presente. 


domingo, 1 de junio de 2014

A sus 481 años, Cartagena "no es ciudad para viejos"


Cuando vi por primera vez a un pequeño grupo de hombres de tercera edad sentados en las bancas de un centro comercial del sur de la ciudad, pensé que se encontraban allí a esperas de un bus que les llevaría a una integración festiva de un hogar de ancianos o de una cooperativa de pensionados. Cuando les vi por segunda vez comencé a sospechar de la validez de mi primera hipótesis. Contrario a lo que suponía, ellos solían estar allí casi a diario. Desde que arrancaba la mañana hasta que caía la tarde, allí estaban conversando entre sí o con la mirada perdida sobre la caótica avenida atiborrada de carros y motos. Aquel era el mas a aberrante ejemplo de lo que ocurre a lo largo y ancho de las ciudades de América Latina: el espacio publico ha pasado a ser reemplazado por los pasillos y bancas de los centros comerciales. 



Cartagena carece de una cantidad decente de espacio publico de calidad en proporción a su numero de habitantes. Existen barrios enteros, habitados por decenas de miles de personas, donde no existe un solo parque. Las autoridades locales, en las contadas intervenciones estructurales sobre el espacio urbano, han hecho muy poco para remediar esas carencias. No solamente el espacio publico de calidad ha sido concentrado en la ciudad turística y en los barrios de las clases privilegiadas, sino que por demás ha sido diseñado de tal manera que su uso esta fuertemente condicionado. Con las obras del Transcaribe, se construyeron varios parques al interior y en el perímetro del centro histórico, previa expulsión de los vendedores ambulantes. El resultado fueron espacios públicos de muchos méritos estéticos (el restaurado Camellón de los Mártires, el Parque Lineal de Chambacú, etc), pero que gozan de una negativa característica común: es imposible darles uso durante las horas del día. No existe forma de que un cartagenero pueda desafiar el abrazador sol de la ciudad, sentándose en un parque donde no existe un solo árbol frondoso que le pueda brindar sombra. En un acto evidentemente deliberado, estos parques fueron diseñados sin el beneficio de la sombra para impedir que fueran apropiados de manera permanente por los cartageneros. Lo que se presume fue pensado para desalentar a los vendedores ambulantes, se hizo extensivo a cualquier ciudadanos. En sus 481 años, Cartagena se ha esforzado por encontrar formas mas sutiles, pero no menos efectiva de generar exclusión. Ni sus viejos pueden gozar de un espacio decente para habitarla. No mucho puede esperarse de una ciudad que nació de la destrucción del Calamarí de los indios Caribe, y que hoy vive de la exclusión de los suyos. 

viernes, 23 de mayo de 2014

Juan Manuel Santos y el camino hacía la paz



Juan Manuel Santos llegó por primera vez a la presidencia en el 2010 prometiendo darle continuidad a la política de guerra a muerte contra las FARC, que él mismo había respaldado cuando estuvo a la cabeza del Ministerio de Defensa (2006-2009). En un inesperado giro, cuando se convirtió en presidente optó por resolver el conflicto por una vía distinta a la de la confrontación indefinida. Habría que ver hasta que punto su apuesta por una paz negociada era y es sincera. Ya eso es materia de otro debate. Lo cierto es que su propuesta ha despertado adeptos entre quienes quieren romper radicalmente con el proyecto militarista de Alvaro Uribe, quien entre el 2002 y el 2010 le apostó al fin del conflicto por la vía militar, lo que derivó en numerosas violaciones a los derechos humanos por parte de la fuerza publica (parodojicamente en los años en que Santos lideraba la cartera de defensa), el surgimiento de las BACRIM, y la prolongación indefinida de la guerra, a pesar del evidente debilitamiento de las FARC. 

La candidatura presidencial de Óscar Iván Zuluaga en las nuevas justas electorales del 2014 es la carta de quienes todavía le apuestan a una salida militar al conflicto, muy a pesar de sus cuestionables resultados. Juan Manuel Santos se ha convertido en la de muchos de los que apoyan la salida negociada. Poco a poco ha ido tomando fuerza entre los defensores de la paz la idea de apoyar a Santos con tal de que no quede Zuluaga, sobre todo en el probable escenario de una segunda vuelta donde sean ellos dos los contendientes. 

Es probable que Santos se alce con la victoria, y es probable (hasta cierto punto) que finalmente selle un acuerdo con las FARC que de por terminado el conflicto armado. Sin embargo, ni la elección de Santos, ni el fin del conflicto armado, harán de Colombia un paraíso de paz. La forma de violencia que mas afecta a la gran mayoría de los colombianos es la que viene como resultado de la delincuencia común y que se concentra en los centros urbanos del país. Lejos de gozar del matiz político que tiene el conflicto armado, esta se deriva de las iniquidades sociales nacidas en el seno de un modelo económico excluyente que empobrece a las masas colombianas mientras enriquece a una reducida élite. La probable elección de Juan Manuel Santos no traerá consigo una salida a esta forma de violencia. Ni siquiera la implementación de las reformas económicas, políticas y sociales sugeridas por las FARC -que responden a una agenda política medio anacrónica y medio desentendida de las transformaciones que ha tenido el país en los últimos 60 años- habrán de ponerle punto final a tal problema. Colombia bien podría repetir el ejemplo de varias naciones centroamericanas, que lograron resolver sus guerras civiles a través de acuerdos de paz, pero que fallaron en transformar sus modelos económicos (por el contrario, afianzaron las reformas neoliberales), y hoy en día hacen parte de los países mas violentos del mundo. En conclusión, un verdadero voto por la paz debería considerar las múltiples dimensiones de la violencia que afligen a Colombia. Un apoyo ciego a Santos, en virtud de su respaldo a una paz negociada, no debe desatender estos hechos.  

lunes, 14 de abril de 2014

Los pobres y la politica

Giudici Reynaldo - La sopa de los pobres (1884)

Territorios de Esperanza llegó a su quinto año. Mucho ha cambiado desde aquel entonces, pero persisten las razones que inspiraron su creación hace un lustro. El compromiso sigue vigente y la lucha por "desnaturalizar la exclusión" continúa
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Los pobres son incapaces de involucrarse en asuntos de importancia publica. Asfixiados por su situación económica, deben invertir sus horas en ganarse el pan de cada día, lo que rara vez les permite reflexionar en el mañana. La competencia por los escasos recursos son también un impedimento para que ellos puedan pensar en el beneficio común. Todos estos fueron principios recurrentes en la formación de los gobiernos republicanos en la América del siglo XVIII y XIX. Desde los Estados Unidos hasta los países de América Latina, todos restringieron, al menos durante muchos años, el ejercicio del voto a quienes pudieran acreditar propiedad, educación básica y por lo tanto, cualidades para debatir los temas centrales de la sociedad. El paso del tiempo puso en evidencia lo que en aquel entonces no parecía ser tan obvio: nadie, sin importar su condición económica, es ajeno a los asuntos de carácter publico. Y la historia ha demostrado con creces que la política ha sido uno de los tantos escenarios donde los pobres han intervenido para reivindicar su derecho a una vida digna y a un mejor mañana. 

Que la historia lo haya demostrado no quiere decir que todos lo den por sentado. Años atrás, participé de la construcción colectiva del Plan de Desarrollo del gobierno distrital de la alcaldesa Judith Pinedo. En cada localidad, mujeres y hombres se reunían para debatir la hoja de ruta de la ciudad en los próximos años. Sus propuestas debían ser incorporadas en el Plan de Desarrollo, y muchas de ellas terminaron allí consignadas. Cuando llegó el turno de los barrios del Centro Histórico, los participantes de nuestra mesa de trabajo mostraron reticencia por el extenso horario de los debates, y uno de ellos sugirió que fuera re-programado para después de las 6 pm. Cuando debió explicar el porqué de su petición dijo que a diferencia de los demás barrios, a las personas que vivían en el Centro Histórico si debían trabajar y que por lo tanto, no podían participar de las mesas de debate en horarios de oficina. Lo ridículamente irónico es que días atrás, en las jornadas de trabajo de los barrios de las faldas de la Popa, un humilde hombre se me acercó en medio de los recesos y me dijo que aquel día había decidido no ir a trabajar. Que había dejado en casa su carretilla para vender frutas en la calle, tan solo para participar en la actividad. Entendía que era un sacrificio, pero que el futuro de Cartagena se lo demandaba. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Afrodescendientes de piel clara: Ma del Socorro en su laberinto



La llegada de María del Socorro Bustamante al Congreso en representación de las negritudes ha despertado malestares obvios. Por un lado, sus nexos políticos son cuestionados, y por el otro, su apariencia física poco tiene que ver con la que uno esperaría de una afrocolombiana. Una "mestiza" queriéndose pasar por afrodescendiente: así ha sido calificada en un reciente articulo de la Revista Semana. Esto nos lleva una vez mas a la pregunta de siempre: ¿Que es ser negro, afrocolombiano o afrodescendiente en Colombia? Mas hay una pregunta aún mucho mas compleja, para la cual existan muchas respuestas, mas ninguna definitiva: ¿Que es la raza? Los detractores de Ma del Socorro, quizás sin quererlo, has respondido a su manera las dos preguntas. Por un lado, la raza depende de la apariencia física de la persona, y por el otro, que para ser afrocolombiano se necesita mucha mas melanina en las venas que la que tiene Ma del Socorro, una mujer trigueña y de cabellos lacios. Pero no todos piensan igual, y sus defensores ya han insistido en que ser afrocolombiano va mas allá del tono de la piel, y que es un asunto mas de identidad y compromiso con las negritudes.

El tema es complicado, y cualquier respuesta que se esfuerce por ser concluyente se expone a ser tomada por necia. Es complicada por que la raza es una construcción social, mas que una realidad biológica. Como toda construcción es construida, reconstruida, negociada y susceptible de ser abandonada. En definitiva, con respecto a la raza nada esta dicho, y lo que hoy ha sido dicho puede variar a la vuelta de unos años. Las identidades raciales en los Estados Unidos son un buen ejemplo (aunque distinto al de América Latina, muy ilustrativo). Cuando hordas de italianos y judíos de Europa Oriental llegaron al país desde finales del siglo XIX se encontraron con que no eran considerados "blancos". Ambos tuvieron que negociar esa condición, y hoy esta parece ser indiscutible. Por el contrario, los mexicanos habían sido "blancos" desde siempre. Cuando Estados Unidos le arrebató a México la mitad de su territorio, los nativos que quedaron del lado gringo de la frontera se convirtieron en ciudadanos, y por ende, en "blancos". Nadie que no lo fuera podía ser ciudadano en ese entonces.

Si en algo se diferencian las identidades raciales de Estados Unidos con las nuestras es que en el caso de ellas el factor genético es crucial. Poco importa tu color de piel. Si tienes un ancestro cercano negro o indio, aquella será tu condición. Darnell Martin fue la primera directora de cine afro-americana en dirigir una película en Hollywood. Al ver su fotografía, ningún colombiano en su sano juicio pensaría que ella es afro-americana. Pero lo es. Al menos eso piensan los gringos. 


Kevin Brown es el jefe del Concejo Tribal del pueblo indio de los Mohegan. Pero su apariencia dista mucho de la del indio de los cigarrillos Piel Roja.


¿Es Ma del Socorro afrodescendiente o no? Los casos de arriba solo sirven para amenizar el debate, porque esa respuesta queda a consideración de cada quien. En lo que si coincido con sus defensores es que para representar a los afrocolombianos a veces no importa tanto el color del piel, sino asumirse como un verdadero gestor de la causa de la lucha por la igualdad y el bienestar de las negritudes. Infortunadamente, dudo mucho que Ma del Socorro sea una de esas personas. 

domingo, 2 de febrero de 2014

La trampa de los marcadores raciales: el asesinato de Vincent Chin


En Agosto del 2011 un rumor recorría las calles del barrio España en Cartagena. Se decía que una casa del sector un hombre mantenía retenidos a un numero indeterminado de perros, y que les sacrificaba para luego llevar su carne a los restaurantes chinos. Alertados por las noticias, defensores de animales, respaldados por la Policía, detectives del desaparecido DAS y una muchedumbre de curiosos, ingresaron ilegalmente a la vivienda. Al interior, encontraron un hombre bastante enojado por el asalto y armado con una varilla, y a una jauría de perros de todos los tamaños, edades y colores. Sin embargo, y contrario a lo que todos pensaban, el hombre no los retenía para matarlos y vender su carne a restaurantes chinos, sino que se había dado a la tarea de recoger a cuanto perro callejero encontraba para brindarles abrigo, comida y cariños infinitos. El supuesto aniquilador de perros resultó siendo un empedernido amante de los caninos. (http://www.eluniversal.com.co/cartagena/local/alboroto-por-%E2%80%98perrera%E2%80%99-en-el-barrio-espana-hallan-56-caninos-encerrados-en-una-casa-)

¿Que les dio a entender a los moradores del sector que este enigmático hombre recogía y secuestraba perros para después sacrificarlos y vender su carne? Una sola cosa: que el hombre era un chino. Inmediatamente, los vecinos asociaron sus características raciales con la presencia inusual de tan numerosos perros, y sin mayores reparos concluyeron que era un matarife al servicio de los restaurantes orientales de la zona. Cierto es que en China el consumo de la carne de perro es tan común y extendido como el consumo de carne de res de este lado del planeta. Lo que los curiosos vecinos no advirtieron es que el hombre, a pesar de sus rasgos físicos, era una colombiano como cualquier otro, si bien sus orígenes familiares se extendieran hasta el lejano oriente. Las personas de origen asiático en las Américas se enfrentan a lo que algunos académicos han denominado como la imagen del extranjero permanente. Sin importar que algunas generaciones hayan nacido y se hayan criado en estos países, siempre, en virtud de los marcadores raciales (entendidos como aquellas características físicas que le permiten a uno identificar a una persona con un origen nacional o pertenencia étnica determinada), se asume que son extranjeros, llevando a todo tipo de malentendidos, como el que tuvo lugar en Cartagena, y que suelen ser felizmente resueltos con una explicación obvia. 

No todos los malentendidos terminan resueltos tan satisfactoriamente. Vincent Chin era un ciudadano estadounidense, originalmente de China, pero que había sido adoptado por una pareja de chinos residenciados en los Estados Unidos, y que le llevaron allá desde que era muy niño. Su vida transcurrió con total normalidad hasta una noche fatídica de 1982. En aquella ocasión, Vincent se encontraba departiendo con un grupo de amigos en un club nocturno, hasta que un hombre comenzó a insultarlo, aludiendo que él y los suyos eran los responsables de la perdida de su trabajo. Lo que aquel hombre quiso dar a entender, y que quizás Vincent no logró comprender al instante, es que gracias a la naciente industria automotriz japonesa, su contraparte estadounidense se había visto obligada a cerrar varias de sus fabricas y a despedir sus trabajadores. Pero Vincent no era japones. Vincent había nacido en China, pero igual había vivido toda su vida como cualquier otro estadounidense. La discusión terminó en una golpiza que al final le costó la vida a Vincent. Sus asesinos no pagaron un solo día de cárcel, lo que desató una gran movilización en la comunidad Asiático-Americana. Para ellos, esto era un crimen de odio motivado por el racismo en contra de su gente. En el fondo, los marcadores raciales que hacen de los americanos de origen asiático los eternos extranjero fueron los que acabaron con su vida.