viernes, 27 de abril de 2012

Una vez mas, la brutalidad policial al descubierto



Apenas hace un par de horas vi una nota transmitida por Caracol Noticias sobre un aberrante caso de brutalidad policial en los días previos a la IV Cumbre de las Américas. En las imágenes se aprecia una fuerte discusión entre un hombre y cuatro uniformados que a empujones lo hacen ingresar a un restaurante de donde había salido para depositar la basura en la acera, violando los dispositivas de seguridad impuestos para los días de la cumbre en el Centro histórico. Después de unos airados manotazos, los policías se abalanzaron sobre el individuo, y tras haberlo sometido, uno de ellos arremete en su contra, asestándole brutales puñetazos en el rostro, mientras los demás uniformados impiden que los testigos allí presentes intervengan en la agresión. Al rato se ve al civil de pie, con el rostro ensangrentado, mientras es auxiliado por sus compañeros de trabajo. 

Lo mas sorprendente de todo, mas aún que la misma agresión, es que existe evidencia de un documento en donde la victima se compromete a no colocar denuncia alguna en contra de los uniformados, y a borrar toda evidencia del acto, a cambio de una reparación en dinero. El documento lleva el membrete de la Policía Nacional, lo cual lo convierte en una formalización abierta de la impunidad. 

Este tipo de eventos nos obligan a preguntarnos quienes son realmente esas personas a las cuales les estamos confiando nuestra seguridad y  bienestar. El año pasado las redes sociales difundieron varios casos de monstruosos casos de maltrato animal protagonizados por miembros de la fuerza publica, que ponen en tela de juicio el carácter ético y moral de la institución, y ante todo, sus mecanismos de selección e incorporación de nuevos miembros. No deja uno de preguntarse si dichos mecanismos están realmente diseñados para impedir que desadaptados de cualquier tipo se integren al brazo armado de la ley. 

Es de común decir en la barrios populares, que los muchachos incorregibles, de pobre rendimiento académico, sin futuro previsible y sin mayores aspiraciones, se integran a la fuerza publica buscando con eso un empleo rentable, estable y sin mayores dificultades. No me atrevo a asegurarlo. Sin embargo, que el puntaje mínimo de las Pruebas del Estado que se requiere para ingresar como patrullero a la Policía Nacional, sea de 31 puntos, (puntaje muy por debajo del mediocre promedio nacional y con el cual cualquier bachiller debería sentirse avergonzado), deja mucho que pensar. 

viernes, 13 de abril de 2012

Territorios de Esperanza: tres años desnaturalizando la exclusión



Tiempo atrás advertimos que el espacio publico se convertiría en uno de los escenarios predilectos para las nuevas reivindicaciones sociales de nuestra ciudad. Los hechos acontecidos en los últimos años han demostrado que en el imaginario local va tomando forma un sentido de pertenencia hacia el espacio publico. Los cartageneros se manifestaron en contra de la entrega en concesión de las playas, expresaron su respaldo a los artistas y comediantes callejeros cuando la policía arremetió en contra de ellos por la ocupación legitima que realizaban de las plazas del Centro Histórico, y hace unos cuantos días, se movilizaron para mostrar su descontento por la instalación en la Plaza de la Paz de un stand comercial de la firma Juan Valdéz, mientras a los vendedores ambulantes se les anunciaba que no se les permitiría trabajar en las calles del centro durante los días de la VI Cumbre de las Américas. La medida, evidentemente discriminadora e inequitativa, muestra de la apropiación particular y lucrativa del espacio publico, generó un malestar generalizado entre los cartageneros, lo que obligó a que el alcalde de la ciudad apresuradamente concediera permisos especiales a algunos vendedores ambulantes de café, para de esta forma calmar los ánimos y el descontento de la ciudadanía. 

Hace tres años nació Territorios de Esperanza con el objetivo de contribuir a la desnaturalización de la exclusión, la cual parecía haber sido tan interiorizada en el imaginario local que pasaba triunfal e inadvertida por las calles de la ciudad. Hemos sido testigos en estos largos meses de como surgen nuevos actores sociales que retan los esquemas del orden social conservador y taimado que domina a Cartagena. La lucha de la población LGBTI, por ejemplo, ha conquistado logros importantes, y ningún dirigente local se atrevería a admitir la homofobía en su retorica pública, sin asumir las consecuencias de hacerlo en una ciudad que cada vez menos admite la intolerancia. Las mujeres y los colectivos afrodescendientes continúan sus labores, manteniendo y expandiendo los logros alcanzados en años anteriores. Nada de estos es fortuito.Solo pudo haber sido el resultado de años enteros de trabajo incansable y de enfrentamiento abierto en contra de la exclusión. 

No obstante, la discriminación estructural, la pobreza, la inequidad en la distribución del producto social parecen acrecentarse con el tiempo. Las distancias entre ricos y pobres se expanden hasta limites ineditos. Mientras lujosos condominios son construidos en el norte de la ciudad, en sus demás extremos surgen nuevos tugurios que alimentan el mapa de miseria que ha caracterizado a Cartagena a lo largo de su marcha por el siglo XX. La segregación urbana, el modelo que ha dominado la evolución física de la ciudad en la ultima centuria, se mantiene en pie. Para enfrentarla se requiere el agrupamiento de los movimientos sociales en torno a objetivos comunes, la unidad de los sectores emergentes en contra de las élites dominantes y sus acciones reaccionarias, y el giro de la academia hacia los interrogantes que la sociedad se plantee.  Territorios de Esperanza, por su parte, continuará sin reparos en la búsqueda de una Cartagena de Indias mas equitativa, mas justa y mas humana. 

Foto: Manifestación en la Plaza de la Paz el 9 de Abril del 2012. (Calleshortbus)