lunes, 13 de marzo de 2017

La amenaza del fundamentalismo cristiano


Juan Gabriel Vásquez describe a una persona fundamentalista como aquella que solo sabe hacer una cosa correctamente. El pastor evangélico Miguel Arrázola es un buen ejemplo del fundamentalismo: solo puede entender la realidad a través de su fe (o de su interpretación individual de aquella fe), y no admite que terceros, dentro o fuera de su iglesia, piensen de manera distinta. Es por eso que en repetidas ocasiones se ha manifestado sobre asuntos de la vida pública. A nivel nacional se hizo celebre por hacerle oposición activa al proceso de paz con la guerrilla de las FARC durante el plebiscito del pasado octubre. En la ciudad se le conoce también por sus posturas reaccionarias frente a la libertad de género. Sus opiniones, aunque ya no pasen desapercibidas, se han vuelto cada vez más predecibles. Pero las declaraciones que hoy circulan en los medios tienen un contenido violento explicito inusual. En ellas se manifiesta en contra de un periodista local, y afirma que lo único que le impide atentar en contra de su vida es el hecho de ser cristiano, porque de lo contrario, sus restos ya estarían flotando en las aguas de la Ciénaga de la Virgen. Se despacha además en contra de sus críticos a quienes califica como "maricas empolvados", y les reta a que critiquen del mismo modo a los islámicos, y que así se expongan a ser ajusticiados por decapitación. Su rebaño le aplaude en medio de risas y alabanzas. 

El alcance de los comentarios del pastor Arrázola no pueden ser desestimados. Su retórica es sumamente violenta y evoca los peores actos del fundamentalismo cristiano. En nombre de su fe, los cristianos han cometido crímenes barbáricos perfectamente equiparables a los del fundamentalismo islámico. Los peores actos de terrorismo doméstico en los Estados Unidos han sido perpetrados por grupos cristianos como el Ku Klux Klan, o por organizaciones como el Ejercito de Dios que cometió varios atentados en contra de clínicas de aborto y clubes LGBT. Los grupos cristianos anti-balaka en la República Centro africana han cometido numerosas masacres en los últimos años, sobre todo en contra de los musulmanes. La amenaza del fundamentalismo cristiano es real. No hay razones para pensar que la prédica violenta de sus líderes no va a terminar alimentando acciones temerarias de parte de sus seguidores. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

Dear Americans


For over eight years I have expressed myself through this blog. I always did it in Spanish because I felt no reason to do otherwise. But today I feel I have to.
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Dear Americans,

I wish I could say everything is going to be all right but I cannot. The feeling that everything is going south too fast is unbearable. As a person of color, I do not feel safe anymore. As an alien (a hateful expression that makes me feel like the character of a horror sci-fi movie), I do not feel welcomed anymore. I thought I was living inside of bubble, but I cannot help but thinking that the bubble is about to explode. I feel I could be discriminated against by anyone, for any reason, at any moment.

Days ago I witnessed a rally that celebrated the immigrant community of Willimantic, the place where I have lived in for more than four years. As the demonstrators expressed themselves, car drivers passed by yelling at the crowd: “Go home, go home”. But this is their home. For many of them this is the only home they know. But their skin color makes them look-alike foreigners. Many of them are unwelcomed in the country they are citizens of. Entitled by law but unwelcomed by their fellow nationals.

The demonstrations that have taken place in the last week protesting the “wall” and the “ban” send the message that there are still good Americans standing for the values that once built up this country. I trust they will keep on fighting. If I leave this country anytime soon I will do it with a deep sadness for those that I leave behind. But I will do it hoping that if I ever come back I will do it to a better place for all. 

Do not give up ...

miércoles, 25 de enero de 2017

Rizos rebeldes: la revolución del afro


Cuentan que en los viejos tiempos a las niñas negras les alisaban el pelo con una peineta metálica calentada a las brasas y untada de grasa de cerdo. La práctica era tan generalizada que a las niñas negras se les asociaba fácilmente con el penetrante hedor de la manteca quemada. Pero no había de otra. Los valores estéticos de la época desconocían cualquier forma de belleza distinta a la blanca. Disimilar la negrura suavizando la rebeldía natural del cabello era un recurso indeseable pero ineludible.

Pero los cánones estéticos del nuevo siglo sí reconocen la belleza en lo negro y sus formas. Cada vez son más las mujeres afrodescendientes que se rehúsan a domesticar sus rizos, y por el contrario les reivindican como la orgullosa manifestación de sus raíces ancestrales. Lo que equivocadamente algunos han catalogado como una “moda”, es realmente el resultado de una lucha de décadas por reconocer el lugar del elemento negro en el país, del mismo modo en que años atrás académicos y artistas lucharon por demostrar la contribución cultural de los afrodescendientes, o su participación decisiva en los momentos más críticos de la historia nacional. En los tiempos de la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos las mujeres afroamericanas también lucían sus prominentes afros para desafiar la estética excluyente de la supremacía blanca. 

Pero como suele suceder las aperturas pueden traer consigo efectos colaterales. Insistir en la existencia de rasgos fenotípicos representativos del ser afrodescendiente puede excluir de plano a quienes carezcan de ellos indistintamente de cómo se auto-reconozcan. El descubrimiento tardío de su herencia afrodescendiente le ha permitido a los argentinos un manejo más laxo de las identidades raciales. El color de la piel no excluye a nadie del derecho a ser reconocidos como afrodescendientes. En Colombia por el contrario, los rasgos fenotípicos determinan quien puede o no catalogarse y ser reconocido socialmente como tal. Algunos más avezados dirían que reivindicar una estética asociada a una identidad étnica puede terminar dándole base biológica a lo que en realidad no es más que una construcción social. Es reconocer que después de todo si hay razas diferenciadas por el color de piel y la textura del cabello. Pero son solo ángulos probables de un debate que apenas empieza