miércoles, 22 de abril de 2009

Historiadores criminales: a 15 años del genocidio de Ruanda



“… los historiadores nos hemos alejado todavía más, al desinteresarnos de los problemas que importan al ciudadano del común para integrarnos en un pequeño mundo cerrado que menosprecia al de la calle, y nos dedicamos a escribir exclusivamente para la tribu de iniciados, y mayoritariamente para otros profesionales”

Josep Fontana


Cada mes de abril inicia la temporada de lluvias en Ruanda. Pocas veces los ciclos de la naturaleza, cobran tanta importancia en la memoria de las masas. Al venir las lluvias, no solamente llueve agua, también llueven los recuerdos de una las mas trágicas paginas de la historia universal: el genocidio de Ruanda en 1994. El pasado 7 de abril se conmemoraron 15 años del inicio de la matanza. Durante cuatro meses, entre abril y julio de aquel año, una facción extremista de los hutus, una de la dos etnias que sumada a los tutsis habitaban Ruanda, aniquiló a cerca de 800.000 tutsis y hutus moderados. La barbarie fue desatada por el asesinato de Juvenal Habyarimana, el presidente rwandés, de ascendencia hutu, que desde hacia una par de años se encontraba pactando la paz con los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Rwandés.


El consenso oficial dicta, que fueron los mismos hutus los que planearon y perpetraron el asesinato de Habyarimana, creando así una excusa perfecta para exterminar a las “cucarachas”, tal como eran definidos los tutsi. Hombres, mujeres y niños fueron aniquilados sin contemplación alguna. Los asesinatos eran perpetrados en las calles, las plazas, las iglesias, las escuelas, y en cualquier otro lugar donde estuvieran refugiadas las victimas de turno. Eran muertos a golpes de machete en su mayoría; los tutsis valían poco menos que una bala para los extremistas hutu. Los mas afortunados, o los que pudieran pagar una forma de muerte menos bizarra, fueron baleados. Algunos otros aun esperan su destino; fueron deliberadamente infectados con el virus del SIDA para extender los efectos del exterminio mas allá de la duración regular del genocidio.


La humanidad pareciera esta acostumbrada a presenciar como una comunidad étnica borra del mapa a otra radicalmente opuesta: turcos contra armenios, nazis contra judíos o serbios contra musulmanes, todas versiones de una misma historia enmarcada en distintos formatos. Lo aterrador del caso de Ruanda, es que los hutus y los tutsis, no eran tan radicalmente opuestos como los casos ya citados. Ellos compartían una lengua, una religión, un territorio, una cultura y mas allá de lo que cualquiera pueda afirmar, era imposible distinguir entre uno y el otro. El interrogante que surge es: ¿Dónde surge esa profunda enemistad que fue capaz de justificar una empresa, que solamente puede ser calificada como bárbara? A esta pregunta respondía una frase con la que inicia Hotel Rwanda, una cinta que narra una historia real desarrollada en medio del genocidio. La frase es sencillamente reveladora: “Cuando alguien me pregunta porque odio a los tutsis, yo les respondo: lean nuestra historia”. El texto no puede ser mas diciente. Esa historia enseñada en las escuelas, reproducida una y otra vez, y retransmitida por radio en la antesala y en medio del genocidio fue el origen de la matanza.


La leyenda narra, que los tutsis eran un pueblo extranjero que hacia el siglo XIV, había tocado tierras rwandeses y habían sometido a los hutus, para luego pactar con los siglos con el colonizador belga. Y es una leyenda, porque investigaciones historiográficas recientes han demostrado que hutus y tutsis, son partes paralelas de una sola unidad; la dicotomía, opresores y oprimidos no tenía razón de ser en la historia de Ruanda. Pero, ¿quiénes y con qué fin crearon una visión claramente deformada de la historia? Josep Fontana, un afamado historiador catalán, afirma que fueron los historiadores belgas, empleados por el neocolonialismo de la época, quienes diseñaron la farsa con la finalidad de dividir al pueblo ruandés, facilitando así el proceso de conquista y sometimiento. De un día para otro, vecinos y hermanos resultaron siendo enemigos a muerte. Y todo esto fue orquestado por historiadores al servicio del poder establecido. No queda duda de que la historia depositada en las manos equivocadas representa un peligro inimaginable.


15 años después, uno que otro dirigente de los extremistas hutus ha pasado a juicio y ha sido finalmente condenado por crímenes contra la humanidad. Los perpetradores directos, todos aquellos que empuñaron un arma para aniquilar a sus hermanos de sangre, siguen siendo juzgados en tribunales populares en toda Ruanda. Para algunos, la tarea está siendo saldada. No obstante, todavía falta mucho por hacer: aun falta por condenar a todos aquellos historiadores criminales, que si bien jamás tocaron un arma, tienen las manos manchadas de sangre inocente.

jueves, 16 de abril de 2009

La otra cara de la moneda: violencia homicida en Cartagena



Los titulares de la prensa urbana anunciaban lo increíble: hoy Cartagena podía considerarse una de las ciudades mas seguras del país; se había cerrado el 2008 con un tasa de 17.5 homicidios por cada 100.000 habitantes, lo que a los ojos de las autoridades locales, era una cifra digna de celebrar. Y puede que lo sea, por lo menos en apariencia. Cuando se esta acostumbrado a vivir en medio de la intolerancia y sin un mínimo de respeto por la vida humana, las cifras no suelen decir mucho. Pero una comparación con el panorama global pueda permitirnos tomar conciencia de cual es la dimensión real de la problemática en Cartagena. Mientras la ciudad celebra por ostentar una tasa de 17.5 homicidios por cada 100.000 habitantes, en Europa una cifra de aquellas dimensiones bastaría para retirarle al mandato a cualquier administración. En Londres, Paris o Madrid, las enormes metrópolis europeas, la tasa no asciende a mas de 2 puntos. Inclusive, el índice mas alto en Europa lo ocupa Moscú, la capital rusa, con 9.6. La comparación puede ser pretenciosa, por supuesto. Las reducidas tasas de homicidios son una tendencia natural en la mayor parte del primer mundo. No obstante, America Latina, en el corazón del mundo subdesarrollado, ha ido mejorando progresivamente en los últimos años, acercándose así a los estándares del primer mundo. Sao Paolo, la metrópoli brasileña de 20 millones de habitantes por ejemplo, ha mantenido por un buen tiempo un índice inferior a los 10 puntos. Santiago de Chile y Buenos Aires, gozan de una tasa de 2 y 5 homicidios, respectivamente. Por supuesto que existen otras ciudades como Caracas, con una tasa de 130 homicidios, Ciudad del Cabo en Sudáfrica, con 62, o Port Moresby en Nueva Guinea, con 54, que superan toda lógica y se disputan el nada privilegiado lugar de las ciudades mas peligrosas del mundo. En apariencia, Cartagena estaría lejos de colocarse al nivel de las ultimas. No obstante, la cifra revelada por la autoridades de la ciudad ocultaba algo: si bien el 2008 cerró con un tasa de 17.5 homicidios por cada 100.000 habitantes, la tasa global de todo el año, de inicio a fin, fue de nada mas y nada menos que 35.6 homicidios, lo que basta para Cartagena se sitúe entre las ciudades mas peligrosas en todo el planeta. El promedio mundial, por ejemplo, se encuentra en 14 homicidios. Cartagena dobla esa cifra. En definitiva, siendo revelada esta otra cara de la moneda, no existen motivos para celebrar.

lunes, 13 de abril de 2009

Territorios de Esperanza: Un espacio para la construccion de nuevas ciudadanias urbanas


Nuevos ritmos dominan las ciudades de America Latina. Las modernas plataformas de concreto se avalanzan sobre los viejos centros historicos, arrasan los barrios populares, exterminan los tugurios... se apropian de la urbe. Los ciudadanos urbanos, adormitados por el nuevo sentido comun impuesto por la desidia contemporanea, son testigos mudos del cotidiano acontecer de la ciudad. Sus derechos naturales sobre el espacio que habitan son vulnerados una y otra vez. Terminan por convertirse en elementos ajenos a la ciudad, en supuestos enemigos del progreso, y en victimas del desarrollo. Aceptan con toda naturalidad su destino. Territorios de Esperanza, es un espacio dispuesto para restarle naturalidad al destino de los ciudadanos urbanos de America Latina. El progreso indiscriminado, el desarrollo sin limites y las ansias de modernidad, son mascaras que esconden nuevas formas de exclusion, que de no ser afrontadas oportunamente, se convertiran en los lineamientos de un nuevo orden social mas inequitativo que cualquiera que hallamos conocidos. Territorios de Esperanza, una plataforma de opinion, emitida desde las barriadas populares de Cartagena - Colombia, sera un pequeño aporte para desnaturalizar la exclusion.