viernes, 9 de agosto de 2013

Hitler y los champetuos



"Si Hitler hubiera conocido a los champetuos, no se hubiera metido con los judíos". Así decía un supuesto tweet atribuido a quien probablemente se convertirá en el próximo director del DATT (Departamento de Transito y Transporte de Cartagena), Jorge Enrique Gonzalez. Es probable que su nombramiento por parte del nuevo alcalde de la ciudad, Dionisio Velez, siga en pie por dos razones muy concretas: el criterio de selección de los miembros de su gabinete ha pasado por encima del Código de Ética que promovió durante su campaña (según se dice, cada secretario ha sido nombrado de acuerdo a la solicitud de caciques políticos de la ciudad), y porque existe en Colombia tan poca sensibilidad con respecto al exterminio del pueblo judío, que cualquiera puede bromear al respecto sin que eso traiga repercusiones serias. Si Jorge Enrique Gonzalez hubiese hecho este comentario en Alemania, Francia o Polonia, no solo no estaría a punto de asumir las riendas de una entidad publica, sino que ademas estaría en frente de los estrados judiciales compareciendo por propaganda antisemita, incitación al odio y al nacional-socialismo. Para cualquiera que no esté al tanto de los crímenes que Hitler perpetró en contra de millones y millones de sus victimas, esto parecería una medida desproporcionada. Sin embargo, basta con conocer pequeños detalles de la maquinaria genocida que el extendió por toda Europa para comprender porque para muchos el genocidio de cerca de 6 millones de personas no tiene nada de gracioso. 

Hitler ordenó la captura de millones de judíos, extraídos desde distintos rincones de Europa, y su confinamiento en campos clandestinos de exterminio. Allí, los prisioneros eran conducidos a cámaras de gas, especialmente diseñadas para el asesinato de personas en masa. Una vez la puerta estaba cerrada, dejaban caer sobre el suelo húmedo el contenido de pequeñas latas de Zyklon B, un pesticida elaborado a base de cianuro, inicialmente utilizado para combatir insectos y roedores, pero que los nazis emplearon para aniquilar judíos, disidentes políticos, gitanos, personas con discapacidades físicas o cognitivas, polacos y homosexuales (nunca champetuos). En cuanto entraba en contacto con el agua, el gas se liberaba por todo el recinto. Rápidamente ingresaba en el cuerpo de las victimas robandoles el aliento. Sus gritos y el llanto de hombres, mujeres y niños se escuchaban desde afuera de la cámara de gas. Pero a la vuelta de unos cuantos minutos todo quedaba en silencio. Tras un poco mas de un cuarto de hora el Zyklon B ya había consumido sus vidas. Al abrir las puertas de la cámara el suelo se encontraba cubierto por cientos de cadáveres apiñados, con las pieles decoloradas y con manchas verdes y rojas por todos lados, algunos de ellos botando espuma por la boca y sangre por los oídos. Los cuerpos eran quemados y las cenizas desechadas. 

La sola imagen de cientos de miles de champetuos siendo conducidos a campos de exterminio me causa escalofríos. ¿Donde instalarían las cámaras de gas? ¿En Colombiatón, Flor del Campo o Ciudadela Bicentenario (adonde de cualquier forma ya los han ido segregando espacialmente)? En vez de trenes, como los que Hitler empleó, ¿los conducirían en los buses de Transcaribe? A falta de Zyklon B, ¿utilizarían "Diablo Rojo"? Trasladar a un escenario posible aquello que el futuro director del DATT quizás solo dijo en broma, revela la seriedad y la crueldad del asunto. En Cartagena hemos naturalizado tanto la brutalidad del homicidio, y la maldad que este lleva consigo, que nos parece gracioso imaginarnos que cartageneras y cartageneros humildes sean exterminados como ratas e insectos en campos de exterminio.