lunes, 31 de agosto de 2009

Una lección inolvidable: las protestas estudiantiles del 2008 en Cartagena de Indias


Era la madrugada del 6 de Mayo del 2008. Amparados bajo el manto de la oscuridad, los estudiantes ingresaron a escondidas a las instalaciones de la Institución Educativa Ana María Vélez de Trujillo, ubicada en el costado norte de la ciudad de Cartagena de Indias. Al caer la mañana los vecinos de la zona se despertaron con la buena nueva: los estudiantes del "Ana María" se tomaron el colegio para exigir la inmediata remodelación de las instalaciones. 70 estudiantes se atrincheraron tras las puertas de la escuela y exigieron hablar directamente con la alcaldesa de la ciudad, Judith Pinedo. No hubo respuesta alguna. Con el correr de las horas, el panorama se tornaba tenso. Los estudiantes evidentemente cansados por la espera, se volcaron sobre las vías aledañas a la institución e interrumpieron el tráfico vehicular durante horas. 80 estudiantes mas, acompañados de los padres de familia y del profesorado de la escuela, se agolparon sobre la entrada para apoyar la toma. Un intento de la alcaldía distrital por hacerlos dialogar con un intermediario, el alcalde menor de la localidad, terminó en la declaratoria de persona "non grata" para el alcalde menor y en el recrudecimiento de las manifestaciones.

Los estudiantes no paraban de lanzar consignas reivindicando su derecho a la educación indistintamente de su condición humilde. El personero de la escuela, el máximo líder del gobierno estudiantil, lanzaba duras advertencias al poder local: "Si el secretario no quiere que ocurra una desgracia, que nos construya un nuevo colegio", haciendo alusión por supuesto, al deplorable estado de las instalaciones que amenazaban con venirse abajo en cualquier momento. Una reunión definitiva con el Secretario de Educación del Distrito culminó con la toma. El gobierno local se comprometió a adelantar todos los procedimientos necesarios para reubicar a los estudiantes mientras la escuela era reconstruida. Hoy, sobre las ruinas de la vieja escuela ya han iniciado las obras de reconstrucción, pero aún en los restos de la demolida estructura se leen las inscripciones redactadas por los jóvenes, como testimonio de su lucha y de la victoria adquirida.

Los acontecimientos de la escuela Ana María Vélez de Trujillo no fueron aislados. Varias instituciones en la ciudad ya se habían alzado en rebeldía contra la negligencia y el olvido, de la cual habían sido las victimas permanentes. Un año antes, en Mayo del 2007, los estudiantes de la Institución Educativa Manzanillo del Mar, ubicada en un corregimiento cercano a la ciudad, habían mantenido como rehenes a 7 docentes del plantel por un espacio de dos horas, para protestar en contra de la reasignación de los estudiantes a otras escuelas públicas por fuera de su comunidad. Con estos, y otros hechos mas, bastaba para concluir que el 2007 y el 2008 habían representado un inusual renacer del activismo político de los estudiantes de bachillerato en la ciudad de Cartagena. Paradójicamente, también fueron los años en los cuales se hizo más manifiesta la decadencia del movimiento estudiantil universitario de la ciudad.

Tiempo atrás, los estudiantes de la única universidad pública de la localidad habían protagonizado las más enérgicas luchas sociales en la urbe. Aquella universidad se había mantenido en perfecta sincronía con el movimiento estudiantil nacional que abogaba incansablemente por el respeto a la educación pública y a la autonomía universitaria. No obstante, con el correr del tiempo, las repetidas amenazas en contra de algunos líderes estudiantiles, el derrumbe mismo del movimiento y finalmente, la creciente apatía y desinterés total por parte de las nuevas generaciones, fueron minando la fortaleza de la causa. Hoy, las viejas luchas de los estudiantes universitarios se pierden en la memoria de quienes fueron testigos presenciales de su epoca, mientras los estudiantes de bachillerato siguen gozando de los efectos de una lucha victoriosa y bien llevada. Y fueron estos últimos los que dejaron una lección inolvidable para el movimiento estudiantil de Cartagena de Indias: que las luchas por una realidad más justa no pueden fraguarse desde el interior de un claustro mental embadurnado con ideas vacías e inútiles.

sábado, 22 de agosto de 2009

La paradoja de la seguridad democratica


El 21 de Agosto del 2009, la rutina cotidiana del Centro Histórico de Cartagena de Indias resultó ligeramente trastornada. Como si se hubiera instaurado un toque de queda permanente, algunas calles despertaron bloqueadas y sin tránsito vehicular. Agentes de la fuerza pública, fuertemente armados, regulaban el acceso, y a duras penas permitieron por unas cuantas horas, la circulación de personas del común. El motivo no era otro que la visita de Álvaro Uribe, Presidente de la República de Colombia, a la sede central de la Universidad de Cartagena. Todo un operativo de seguridad se desplegó en las inmediaciones del alma matter. Desde las primeras horas del día, decenas de hombres de la fuerza pública se apoderaron de algunas de las calles que estuvieran a menos de 200 metros a la redonda. Después del medio día, se interrumpió definitivamente la circulación de peatones sobre las vías inmediatamente cercanas a la Universidad. Sobre las 4 de la tarde, un helicóptero militar se veía sobrevolar el centro de la ciudad de un costado al otro. En pocas palabras, los cartageneros aquel nublado día de agosto, fueron testigos de un operativo militar digno de cualquier película hollywoodense.

La seguridad democrática se ha convertido sin duda alguna, en la bandera del movimiento reeleccionista en Colombia. Quienes defienden la prolongación indefinida del mandato de Álvaro Uribe, lo defienden sobre la base de los beneficios derivados de su política de seguridad. La "salvaguarda" de la democracia, el libre tránsito sobre las vías de nuestro país y la cercania de una victoria definitiva en un conflicto armado de cinco décadas de vida, se convierten en la carta de presentación de los promotores de la iniciativa, que por supuesto marcha a pasos agigantados. No obstante, lo paradójico es que la seguridad democrática está lejos de ser una política digna de ser admirada. Las repetidas violaciones a los derechos humanos por parte de la fuerza pública, manifestadas en las ejecuciones extrajudiciales, mejor conocidos como “falsos positivos”, que ya sobrepasaron las mil denuncias, y la creciente inseguridad en las ciudades del país, donde coincidencialmente se concentra más del 70 % de la población colombiana, son las grandes paradojas de la seguridad democrática. Pero indudablemente, la paradoja más reveladora de todas, es que a pesar de los supuestos éxitos de su política de seguridad, el Presidente de la República, solo puede sentirse realmente seguro si tiene a media división del ejército velando por él.

sábado, 15 de agosto de 2009

Sobre las bases militares estadounidenses y el sentido común


Una encuesta con tan solo tres participaciones no resulta nada reveladora. Pero más allá de cualquier resultado es imposible renunciar a la discusión sobre lo que existe de por medio. A la pregunta “¿Está usted de acuerdo con la instalación de bases militares en suelo colombiano?”, las únicas tres participaciones respondieron negativamente. Difícilmente este resultado se corresponda con la opinión general del colombiano promedio.

Hasta ahora han sido pocas las alusiones casuales que he escuchado sobre el tema en cuestión. Pero una respuesta en particular, a la misma pregunta, llamó mi atención: “Si, es necesario que las instalen, no ves que Colombia tiene todos los submarinos y los buques en reparación”. Submarinos y buques para afrontar un conflicto armado interno instalado en el corazón de la selva y en medio de las empinadas montañas del país. De momentos, resulta imposible no sospechar que los determinadores de la política internacional de la república seguramente no apelan al sentido común. Bueno… aún bajo la lógica de la lucha en contra del tráfico de estupefacientes toda esta empresa tendría sentido. Pero, ¿Qué sentido tiene admitir el recibo de poderosas aeronaves con letales misiles, que solo sirven en caso de un enfrentamiento aéreo? El congresista colombiano Juan Manuel Galán, en su visita a la base aérea militar de Palanqueros afirmó: “Venimos a ver qué está pasando con esas compras de defensa, especialmente para la Fuerza Aérea y Naval. Miraremos si estos equipos son operacionales o no en caso de un ataque externo […] Venezuela tiene una capacidad aérea mucho mayor a la de Colombia, pues cuentan con aviones con capacidad de atacar puntos estratégicos como refinerías y defensa antiaérea”. Ahora cualquier pregunta sobra. Algunos de los verdaderos móviles de la instalación de las bases militares en territorio colombiano queda al descubierto. Para decirlo en pocas palabras, se quiere hacer de Colombia una trinchera para la lucha en contra de cualquier elemento contrario a los requerimientos de la política norteamericana.

Ahora bien, ¿Qué consecuencias nos representaría a todos nosotros, inocentes miembros de la sociedad civil, que nuestro hábitat se convierta en una zona de guerra? Creo que pocas personas podrían tener una respuesta tan acertada como Phan Thi Kim Phuc. Con toda seguridad les resultará ajeno el nombre. Pero tambien con toda seguridad recordarán la imagen de una niña vietnamita huyendo con la piel desgarrada y con su cuerpo en carne viva, de las bombas de napalm y fosforo blanco que tropas sur vietnamitas dejaron caer sobre su pueblo. Esas mismas tropas que Estados Unidos financió y apoyó en el marco de la Guerra de Vietnam. 37 años después, Phan Thi Kim Phuc todavía guarda sobre su cuerpo las heridas del aquella tragedia. Hoy, desde Canadá, adelanta su propia lucha por el respeto a los niños envueltos en los conflictos armados que se extienden en cada uno de los rincones del planeta. Promueve un mensaje de paz, que por el bien de la sociedad civil colombiana, no debería ser deliberadamente ignorado por nuestros “sabios” dirigentes. La instalación de las bases militares estadounidenses no es solo una violación a los principios de soberanía, no es asunto de partidos; es una clara afrenta al sentido común y al bienestar general del pueblo colombiano.

domingo, 9 de agosto de 2009

El Hotel Ryugyong: Un monumento al pseudo-comunismo norcoreano


Millones de toneladas de concreto, 105 pisos de altura y 3000 habitaciones, todo en una extensión de 360.000 m². El Hotel Ryunyong se alza sobre los cielos de Pyongyang, la capital norcoreana, y se ha convertido con los años en el más imponente monumento a la farsa "pseudo-comunista" de Corea del Norte; una república, autodenominada "comunista", pero que a su vez permitió la instalación de una verdadera monarquía, la "dinastía" heredada por Kim Jong-il, aferrada al poder desde hace varias décadas.

700 millones de dólares fueron invertidos desde la colocación de la primera piedra, cerca de 2% del Producto Interno Bruto de la época. Una cifra exagerada para un edificio, que 22 años después continua inacabado, con pocas esperanzas de ser terminado algún día. Y es a su vez una cifra exagerada, en una economía desastrosa y mal planificada, que vio perder al 10% de su población a causa de la desnutrición, a inicio de la década de los 90's, cuando se sobrevino el derrumbe de la Unión Soviética.

Sobre la capital norcoreana se erigen varios monumentos al "pseudo-comunismo": las enormes avenidas intransitadas, los edificios de una veintena de pisos que solamente están habitados en los dos o tres primeros, la inexistencia total de una verdadera democracia o la pobreza absoluta de una buena parte del campesinado que habita lejos de la capital artificial de la nación. Pero sin duda alguna, el Hotel Ryunyong es una metáfora a la esencia de aquella farsa "pseudo-comunista": un armazón, desprovisto de contenido alguno, inacabado, y que de no ser transformado con toda seguridad se derrumbará por su propia cuenta con el correr de los años.

domingo, 2 de agosto de 2009

IX Seminario Internacional de Estudios del Caribe: construyendo sociedad desde la academia


Creo estar convencido de que no somos pocos los que desconfiamos de la academia. Intelectuales elevados en ostentosas torres de marfil, cimentadas en sus abultados conocimientos, lejos de nosotros los "terrenales"; de nosotros los "mortales". Estudian la sociedad, sin convertirse en parte integral de las mismas. Historiadores que se niegan a trascender de los acontecimientos historicos ya consumados, filosofos renuentes a "aterrizar" el discurso, y linguistas y literatos que son incapaces de ver mas allá de las letras plasmadas en un papel. En definitiva, intelectuales al servicio de un sistema desigual del cual se han convertido en complices, sea por accion o por omisión. Por fortuna, existen propuestas que han logrado vencer la adversidad, la apatia y el desinteres del viciado mundo de la academia. Durante 18 años, el Seminario Internacional de Estudios del Caribe se ha convertido en un escenario de debate y de reflexión que ha logrado derribar los muros de la indolencia y ha puesto al servicio de la comunidad las valiosas contribuciones de una academia realmente comprometida con la conquista de una mejor sociedad. Para esta versión, la novena, el Seminario tendrá una programación alterna directamente en el corazón de las comunidades pobres de la ciudad. Las organizaciones sociales instaladas en aquellos parajes ignorados por la gloriosa dirigencia de la ciudad, tendran la posiblidad de recibir un insumo nada despreciable para seguir emprendiendo sus propios propositos. Durante los proximos cinco dias recibiremos una lección, un ejemplo real, de lo que es construir sociedad desde la academia.