lunes, 30 de enero de 2012

"Lidice": la memoria de la resistencia hecha nombre.


Eran aproximadamente las 10 y 30 de la mañana del 27 de Mayo de 1942, cuando el automóvil del oficial nazi Reinhard Heydrich tomó una curva pronunciada en medio de su habitual recorrido hacia Praga, la capital del Protectorado de Bohemia y Moravia, que no era mas que la Checoslovaquia ocupada por los alemanes. El vehiculo inevitablemente debió reducir la velocidad. De repente, de un costado de la carretera, salió un hombre armado con una subametralladora que apuntaba directamente a la humanidad del oficial. Sin embargo, le fué imposible disparar porque el arma se encasquilló. Heydrich aprovechó el desatino del asaltante para ajusticiarlo con su arma de dotación, pero antes que pudiera responderle, otro atacante le lanzó una bomba casera que explotó en un costado del automovil, a menos de un metro del oficial. Su chofer salió a la persecución de los individuos, mientras Heydrich se desplomaba sobre la acera. Transeuntes le recogieron y lo llevaron al hospital donde le brindaron una atención oportuna. Sin embargo, Reinhard Heydrich, "la bestia rubia", el principal artifice de la Solución Final, la del exterminio en masa de los judios, murió el 4 de Junio aquejado por las heridas del atentado.

Heydrich no solamente era el calculador oficial que dominaba los destinos de una buena parte de los territorios ocupados por la Alemania Nazi. No solo era el arquitecto del exterminio de 6 millones de judios. Era tambien el favorito de Adolfo Hitler. Al enterarse de su desceso, él entro en colera y ordenó darle muerte a por lo menos 10.000 ciudadanos checos, en represalía por el asesinato de Heydrich. Sin embargo, el Fürher fué persuadido y se le recomendó reducir el castigo. Tras una apresurada investigación, se asoció falsamente con el atentado a Lidice, un pequeño pueblo de unos cuantos miles de habitantes, ubicado a 22 km de Praga. Por lo tanto, Hitler ordenó la supresión total del poblado, con todos y cada uno de sus habitantes. La carniceria inició el 10 de Junio. Todos sus hombres mayores de 16 años, fueron ejecutados. Las mujeres en su totalidad fueron enviadas a campos de concentración, a excepción de cuatro mujeres embarazadas, a las cuales se les abortaron sus hijos no-natos, precisamente en el mismo hospital en el que había fallecido Heydrich, para luego ser enviadas a los mismos campos de concentración que sus congeneres.

Los niños y las niñas de Lidice no corrieron con una mejor suerte. Fueron arrancados de los brazos de sus madres. Se ordeno que solo llevaran consigo la ropa que vestian, y que no se les otorgara atención alguna. De los 105 niños y niñas de Lidice, 8 de raza aria, fueron adoptados entre militantes de la SS. 82 fueron enviados a un campo de exterminio donde fueron ejecutados en una camara de gas, tras una larga y dolorosa agonia. Seis murieron abandonados a su suerte en un orfanato y 17, solo 17 de los 105 niños, regresaron con vida a sus hogares.

Hitler, no contento con la muerte de mas de 1300 personas de Lidice, ordenó incendiar el pueblo, barrer sus cenizas y borrarlo del mapa. Hizo de su nombre una palabra proscrita, queria condenarla al olvido eterno. Sin embargo, no pudo impedir que en Gran Bretaña, a unos cuantos meses de los hechos, los trabajadores mineros crearan una organización llamada "Lidice vivirá", con el fin de recoger fondos para la reconstrucción del pueblo. Aunque nunca fué reconstruido, y sus escasos supervivientes se negaron a retornar a la tierra mancillada por la brutalidad nazi, hoy existe un conmovedor memorial que recuerda a las victimas de la masacre. A los niños y niñas de Lidice se les construyó un monumento con 82 figuras humanas de tamaño real (ver foto), que representan a niños de 1 a 16 años, en reconocimiento a los aquellos que fueron gaseados en el campo de exterminio.

"Lidice", la palabra que Hitler quizo borrar para siempre de la memoria de la humanidad, hoy es el nombre de varios pueblos y calles en distintos paises de Europa y America Latina. Y hoy, ante vuestros ojos, este humilde servidor se compromete, aún a sabiendas de los caprichos impredecibles del destino, a nombrar a su primera hija "Lidice", en reconocimiento a los 82 niños y niñas asesinados por la intolerancia irracional del nazismo.

viernes, 6 de enero de 2012

Carta abierta a la Doctora Judith (Pinedo)

Doctora Judith

Antes que cualquier otra cosa le contaré una pequeña anecdota: Debían ser como las 9 en punto la noche en que me bajé de aquel bus que me había traido desde el Centro hasta el barrio en el que vivo. Cruze la calle como de costumbre, y llegué a la drogueria de la esquina para comprar una medicina que calmara la gripa que me venía aquejando desde hacía varios dias. Tras hacer la compra caminé con rumbo a mi calle. A mitad de cuadra saludé a "Mañe", un humilde anciano que vive en el barrio desde que tengo razón de ser, que pasa los dias echado en los andenes o haciendo mandados, y de quien se dice tiene un hijo que fué una gloria malograda del boxeo. No había caminado mas que un par de metros cuando escuché el ruido de una moto que se acercaba lentamente detrás de mi. En cuestión de segundos, me sobrepasó y el parrillero, un muchachito de maximo 18 años, se bajó de la moto con pistola en mano y me arrebató la mochila de pelo e`chivo que mi papá me había regalado años antes. Su acompañante, un hombre de como de 1.90 tan solo le esperaba. Mientras permanecía paralizado por el miedo y con las manos extendidas, ese par de sujetos se dieron a la huida y se perdieron entre las calles del barrio. Se que no fué muy astuto haber intentado llegar a mi casa entrando precisamente por allí, pero entenderá Doctora Judith que tras 23 años de vivir sin mayores tropiezos en el mismo lugar de siempre, uno jamas esperaría que le pasara tal cosa . Pero fijese usted, en los ultimos años la seguridad se había desmejorado tanto, que la cosa era previsible. Lo cierto es que desde aquel entonces me cuido de andar por ahi a ciertas horas, y cuando ando por una calle solitaria y siento el ruido de una motocicleta detras de mi, me pongo un poco nervioso. ¿Sabe usted cuantas motocicletas circulan en la ciudad y cuantas calles recorremos a diario los ciudadanos de a pie? Si lo sabe, logrará dimensionar lo que experimento dia tras dia cuando transito la ciudad. 

En los primeros dias hubiese querido encontrarme de frente con el que me había quitado la mochila, al muchachito, al parrillero, no al tipo de 1.90, con ese no se podía hacer mayor cosa. Con el tiempo estaba mas esforzado en recuperar mi identidad legal (perdí los documentos, desde luego) y en reestablecer el deseo de vivir la ciudad. Al final lo consigues, y el acontecimiento se convierte en una anecdota mas. Pero te ayuda a apreciar las cosas de una manera distinta. Ahora se que no se está seguro en casi ningun rincón de la ciudad, mas allá de la zona turistica. ¿Sabia usted Doctora Judith que cuando era pequeño el vigilante de mi barrio era un viejito panzón como de 70 años, que caminaba siempre apoyado en un bastón de madera y que ademas era su unica arma? Hoy, deben haber entre dos y tres vigilantes, hombres relativamente jovenes, y que andan con armas de fuego. Las cosas han cambiado, y durante su mandato empeoraron considerablemente. Usted nos prometió una ciudad donde la gente pudiera volver a sentarse en las puertas de sus casas. ¿Supo usted que a mediados de diciembre los habitantes del barrio La Castellana decidieron sentarse en las puertas de sus casas, no porque se sintieran seguros al hacerlo, sino como una forma de protestar por la inseguridad que se ha apoderado del barrio? Me hubiese parecido mas acertado tomarse la Avenida Pedro de Heredia a la altura del sitio, asi habrían paralizado media ciudad y los hubiesen escuchado con mas atención. Cada quien hace las cosas a su estilo, supongo.

La inseguridad se deriva de la desigualdad social y de la falta de autoridad. Mal haría es responsabilizarla completamente de la situación actual, la cual tiene su origen en causas estructurales dificiles de resolver en cuestión de años, pero faltaría a la sensatez si desconociera que fué durante su mandato que la violencia se desbordó hasta limites impensables años atras. Homicidios, atracos, enfrentamientos de pandillas.... Los problemas usted los conoce mejor que yo. Tras su paso por la Alcaldía quedó un extraño sinsabor entre los ciudadanos de a pie, que son las victimas potenciales de la violencia desenfrenada. Sin embargo, me parece desproporcionado pensar que su mandato solo dejó cosas para lamentar. Lo cierto es que esta es una ciudad distinta, y efectivamente cambió, y no solamente para mal. Si tuviera que resaltarle uno de sus principales aciertos fue la politica cultural adelantada a través del IPCC. No solo nombró a dos mujeres excepcionales a la cabeza del Instituto, sino que supo a través de la cultura y el arte adelantar programas para empoderar y transformar al ciudadano.

Nadie en Cartagena hoy asumiría de manera publica una actitud sexista, racista u homofobica sin exponerse al repudío generalizado. Doctora Judith, cuando apenas iniciaba su mandato respaldó sin condiciones las primeras iniciativas organizativas de la población LGBTI, y defendió a capa y espada su respaldo frente a la avanzada reaccionaria de algunos "honorables" miembros del Concejo Distrital. Creo que los historiadores del futuro tendrán que decir que los cuatro años de su gobierno fueron años gloriosos para la democracia y para el avance de la sociedad civil organizada. Los movimientos sociales de cualquier denominación encontraron en usted una aliada incondicional. Fueron ellos los que realmente construyeron la democracia, usted les abrió los escenarios. Y si de escenarios se trata, solo basta con recordar que fué gracias a su gestión que el Teatro Adolfo Mejía retornó a manos de la ciudadania. Creo que si los fundadores del Teatro conocieran de su actual uso, no les haría mayor gracia. Asi son las cosas. En fin.... los espacios para el ejercicio de la democracia son su mejor legado. Con tan solo seis dias en el poder, su sucesor no ha dado muestras de un lenguaje nada conciliador. Mas allá de los errores de dicción y de su retorica tan "especial", sus comentarion lucen autoritarios e impositivos. Esperemos que la sociedad civil organizada se mantenga alerta y no retroceda en los avances logrados en los cuatro años de su gobierno, y que por el contrario los expanda.

Con esta me despido Doctora Judith, deseandole la mejor de las suertes en los años venideros. Espero verle pronto, y no me cabe la menor duda que seguiremos sabiendo de usted. Aunque no me enorgullezco por haberle concedido mi voto hace cuatro años, confiezo que siempre era placentero verle dirigir este "galletón" de ciudad, con tanta belleza, elegancia, entereza, honestidad y compromiso.

Saludos cordiales

Territorios de Esperanza