jueves, 29 de marzo de 2012

"50 girls waiting for you": mujeres caribeñas a su servicio



Las voces alternativas en http://www.ovoces.blogspot.com continuan con el articulo: "Cartagena, una vez, una bomba de tiempo", de la autoria de Harold Carrillo Romero
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Jamas le pagaría a una mujer por sexo. Tengo razones elementales para no hacerlo. En principio, porque creo que soy lo suficientemente joven y "apuesto" para no tener que recurrir a esos medios tan elementales. En realidad, lo que tengo es una posición bastante compleja frente al tema de la prostitución. No condeno, ni jamas condenaría a una mujer que viva de tal ejercicio. Es una labor milenaria, presente en todas las etapas de nuestro trasegar en la historia. Tampoco constituye un delito en nuestro pais. Ni su ejercicio, ni el disponer de sus servicios. Sin embargo, creo que el cuerpo de la mujer es mancillado, sometido y humillado cuendo se ejerce esta practica. 

Nunca he ido a un bar de strippers, y dudo mucho que pudiera sentirme a gusto viendo una jauría de hombres exaltados y jadeantes, como perros hambrientos, detrás del cuerpo desnudo de una mujer. Solo en una ocasión aprecié un espectaculo similar, y debí retirarme cuando me hastié de ver las manos ansiosas recorriendo los muslos, la entrepierna y el abdomen de la morena exuberante que bailaba para ellos. No tenía mal cuerpo, en lo absoluto. Debía medir unos 1.60, su piel era oscura, sus cabellos ensortijados, y sus senos eran pequeños, y el resto de su figura era esbelta y armoniosa. Pero lo que en realidad recuerdo, mas que otra cosa, era su rostro. No sus rasgos faciales, sino la expresión de su cara, los ojos perdidos, los labios enmudecidos, como simulando una excitación que realmente no experimentaba. Tras verla, tras ver el rostro de los hombres que me rodeaban, miré a una chica de 20 años que se encontraba a un par de metros de donde yo estaba. Me quedó mirando fijamente, como si esperara una respuesta de mi parte, una explicación de lo que acontecía a nuestro alrededor. Opté por bajar la cabeza, y caminar en silencio hacia mi puesto, mientras los hombres que no habían desertado de aquel espectaculo, terminaban de devorarse con los ojos y con la manos a la morena exuberante de 1.60. 

He escuchado historias increibles, que escapan a mi comprensión, y de las cuales solo podría dar fé si las veo con mis propios ojos. Mujeres que son rifadas en los bares, junto a botellas de licor, y habitaciones en hostales de mala muerte. Jovenes que venden sus cuerpos recien desvirgados, por unos cuantos dolares. Los turistas aprovechan y completan su travesía por el tropico, satisfaciendo con ellas sus deseos mas retorcidos. Pero el nativo no desaprovecha tampoco y se esfuerza por sacarle beneficio material al asunto. La lamina que ustedes pueden apreciar en el encabezado, la encontré en una de las calles del Centro historico. Está en ingles desde luego, porque va dirigido a los turistas extranjeros que nos visitan, y no solo con la intención de apreciar nuestras playas y nuestro corralito de piedra. Cuando lo encontré, una hilera de carros que estaban parqueados a mi derecha, los tenian colgados en los limpiaparabrisas. 

"50 girls waiting for you" ("50 chicas esperando por ti"), reza el encabezado. En el centro de la tarjeta una mujer exitosamente proporcionada, expone sus dotes con la adecuada censura. Pero lo mas relevante, lo mas diciente, esta a su lado. Un par de palmeras que salen de cada costado, y que junto a la muchacha recrean los simbolos del Caribe exotico, lleno de feminas supuestamente dispuestas a complacer sin reparos las ansias del hombre blanco.


viernes, 16 de marzo de 2012

Cartagena: una ciudad cínica




Para finales de los años 60, la avenida Pedro de Heredia había prácticamente llegado a las puertas del Centro histórico. Había iniciado muchos kilómetros atrás y ahora por fin había llegado a su destino final. Sin embargo, aún faltaba superar un obstáculo: el barrio Chambacú. La avenida tenia que partir el barrio en dos y seguir su curso hacía el centro de la ciudad. Mientras los chambaculeros que iban a ser desplazados por la avenida, intentaban aminorar las consecuencias de la expropiación de sus casas, los gestores de la obra estaban mucho mas preocupados por la Cartagena que quedaría al descubierto con el paso de la avenida por Chambacú, un barrio sumido en la pobreza, con mas de 10.000 habitantes viviendo hacinados y en condiciones sumamente precarias. Pero a uno de los urbanistas se le ocurrió una genial idea: elevar muros al pie de la avenida recién construida, para evitarle a visitantes y nativos el espectáculo bochornoso de la miseria en Chambacú. Él mismo, sin mayores escrúpulos, comparó la medida con esconder la basura debajo de la alfombra. 

Esta historia se ha repetido una y otra vez en todos estos años. Los administradores de Cartagena, recogen la basura y la colocan debajo de la alfombra de concreto que tenemos por ciudad, para que nuestros visitantes no se sientan contrariados con la realidad cruda que experimentamos irremediablemente los ciudadanos día tras día. Hoy, El Universal, el principal diario de la ciudad, publica una nota deshonrosamente acritica donde anuncian que los indigentes, las prostitutas, los niños de la calle, los vendedores ambulante y los perros serán removidos del Centro histórico, como parte de los preparativos para la VI Cumbre de las Américas. Una vez mas, los indeseables son perseguidos, "barridos debajo de la alfombra", para que nuestros honorables huéspedes no se sientan disgustados con su presencia. Les crean  la forastero un espacio ficticio, de privilegio, una "ciudad fingida", donde puedan andar sin contratiempos, sin tener que exponerse a los peligros de una ciudad violenta, desconfiada, desigual, y ante todo, cínica, porque deliberadamente se engaña así misma, ocultando una realidad lamentable, en vez de encargarse de corregirla. 

Al terminar la dichosa cumbre, todo volverá a la normalidad. El indigente una vez mas a la calle, la prostituta a la acera, donde seguirá alquilando su cuerpo por unos cuantos pesos, y el vendedor ambulante a los andenes y a las plazas, para seguir a esperas de un humillante operativo de restitución del espacio publico que algún día llegará. Supongo que exterminarán a los perros, así como la policía de Rio de Janeiro exterminaba a los niños de la calle a inicios de los 90. Una bala directo en la cabeza, mientras dormían arropados entre mantas, para calmar el frío de la noche y de los corazones deshumanizados de la ciudad. 

Foto: Chambacú en 1967.