lunes, 24 de octubre de 2011

¿Donde está la franja blanca?


En 1996, Colombia atravesaba por una profunda crisis economica, social y politica. Los efectos devastadores del neoliberalismo comenzaban a sentirse a través del cierre repetitivo de empresas y el despido de sus trabajadores. La guerrilla y los paramilitares luchaban por apoderarse del campo y la ciudad, mientras ciudadanos inocentes caian victimas del fuego cruzado. La maquinaria de la guerra era exitosamente  alimentada por el narcotrafico, que a su vez se infiltraba en la dirigencia politica del pais. En ese año, el escritor tolimense Willian Ospina publicó un emotivo ensayo titulado "¿Donde está la franja amarilla?". Allí intentó encontrar los origenes de la crisis que azotaba al pais, analizando la larga historia del bipartidismo y de su incapacidad para corregir el violento destino de Colombia. Al final, en las ultimas palabras del ensayo, decía: "Y hay una pregunta que nos está haciendo la historia: ahora que el rojo y el azul han dejado de ser un camino,  ¿donde está la franja amarilla?" El rojo y el azul representaban los partidos tradicionales que habian conducido al pais al estado de postración en el que se encontraba, mientras el amarillo, el otro color del pabellón nacional, representaba la esperanza ausente del cambio. 

Cartagena atraviesa en el 2011 por una situación bastante similar a la de Colombia en 1996. La informalidad sigue siendo la principal forma de vinculación laboral de los cartageneros. La inseguridad es ya incontenible y se extiende como el cancer por todos los rincones de la ciudad, mientras el caos y la anarquia se apoderan de las calles y avenidas. Cartagena se ha convertido en una ciudad intolerable. Sus habitantes se esfuerzan por continuar la marcha dia tras dia, pero la situación tan desmejorada les está consumiendo las ganas. No abandonan las esperanzas, por supuesto, y al calor de las proximas elecciones regionales, se reunen en torno a las distintas candidaturas esperando encontrar una salida definitiva a la crisis. Pero, ¿que hay detras de cada candidato y hasta que punto representan la salida al oscuro tunel que atravesamos?¿Hasta que punto dichas candidaturas rompen con los esquemas tradicionales que han hecho de Cartagena lo que es hoy? Basta con repasarlas una tras una, para suponer lo que nos espera:
  • Campo Elias Terán, goza del respaldo del uribismo "trasnochado" de la ciudad y de sectores economicos privilegiados, escasamente identificados con el transcurrir diario de los cartageneros del común. Detras de su retorica populista, se esconde una campaña  sobrefinanciada, y de las cuales no se tienen cuentas claras.
  • Maria del Socorro Bustamente es la apuesta de los sectores politicos tradicionales, que se niegan a abandonar las curules del Concejo y que pretenden recuperar el Palacio de la Plaza de la Aduana.
  • Dionisio Velez, es el joven heredero de las viejas elites conservadoras locales. No tuvo reparos en aliarse a Miguel Raad (quien no amerita presentación alguna), cuando este declinó su aspiración a la Alcaldia. 
  • Jhonny Romero, a pesar de sus propuesta inusuales e ineditas, viene con un desafortunado aval del Movimiento Politico Afrovides, calificado por la Corporación Nuevo Arcoiris como "una ventana para efectos electorales" y de "alianzas sospechosas".
  • Carlos Diaz Redondo fue alcalde de la ciudad y se halla envuelto en inconsistencias derivadas de su primer mandato, que por poco le costaron su candidatura. Quedó practicamente a la deriva cuando militantes del partido que lo respalda, el Partido Verde, decidieron apoyar publicamente a Dionisio Velez. 
Cartagena dificilmente puede aspirar a un cambio radical en su rumbo. Ninguna candidatura representa un destino distinto para la ciudad. El panorama en la Gobernación no es distinto. Juan Carlos Gossain o Rosario Ricardo son caras distintas de la misma moneda: la derecha politica en cualquiera de sus formas intentado disputarse el patrimonio del cual han gozados por decadas. Dionisio Miranda, el candidato del Polo Democratico, aparece haciendo proselitismo con candidatos de agrupaciones politicas que firmaron la Unidad Nacional de Juan Manuel Santos (del Partido Verde, para ser mas especificos), en lo que constituye una burla a los principios fundadores del unico partido opositor del pais. No existen entonces alternativas reales e incuestionables al continuismo. 

En esta ocasión no creo en candidaturas, ni en lideres, ni en partidos. Por el contrario, creo en una sociedad civil organizada, altiva e incorruptible, dispuesta a recuperar la ciudad y a reeducar al ciudadano. Creo en los movimientos sociales haciendole frente a la inequidad y cuestionando sin reparos y limitaciones el orden desigual que opera en Cartagena. No estamos condenados a un destino irreparable. Nuestra salvación está en nuestras propias manos; en los brazos de las masas populares. No podemos olvidar que mientras nuestros estudiantes alzan sus voces por la defensa de la universidad publica, los candidatos guardan silencio como si nada aconteciera. Tampoco podemos olvidar que mientras los trabajadores de Pacific Rubiales luchaban en procura de sus derechos laborales violentados por la empresa, Campo Elias se enorgullecia de su supuesta amistad con la institución. La sociedad civil nada puede esperar de esos candidatos. Su salvación es patrimonio exclusivo de sus propios actos. Es hora de rebelarnos en contra de los esquemas tradicionales. Es hora de corregir la marcha. Sin opciones frente a nosotros, la historia nos pregunta: ya que todos los colores politicos, el rojo, el azul, el amarillo o cualquiera de sus derivados, no son un camino, ¿donde esta la franja blanca?. La respuesta la conocen, y el proximo 30 de Octubre la decisión estará literalmente en sus manos.