domingo, 24 de mayo de 2015

El 11 de Septiembre y las guerras por la historia



                                   
Memorial del 11 de Septiembre

El 11 de Septiembre del 2001 es un punto de quiebre en la memoria colectiva de los estadounidenses, del mismo modo en que lo es el 9 de Abril de 1948 ("El Bogotazo") para los colombianos, o el 25 de Abril de 1974 para los portugueses (La Revolución de los Claveles). Para ellos marca un antes y un después. Aún las nuevas generaciones, aquellas que aún no habían nacido o que eran demasiado jóvenes para dimensionar la magnitud de los hechos, la recuerdan como si la hubiesen vivido y como si fuera parte fundamental del curso de sus vidas. Año tras año, cada 11 de Septiembre, esa memoria se alimenta a través de conmemoraciones que insisten en no olvidar a las victimas del trágico evento o a los héroes de turno que procuraron salvar sus vidas exponiendo las suyas. El Memorial del 11 de Septiembre, construido justo donde estuvieron las Torres Gemelas, persigue el mismo fin. Dos enormes cavidades vacías recuerdan el sitio exacto donde ellas estuvieron, y en el borde que les rodea existe un muro que contiene el nombre de cada una de las victimas que perecieron aquel día. En su interior existe una fuente de agua que corre de principio a fin ininterrumpidamente. La majestuosidad del sitio y la solemnidad del diseño impactan con facilidad al visitante. Fácilmente resulta conmovedor, aun para aquellos que no experimentan con naturalidad la pena, rabia y desolación con la que los estadounidenses recuerdan los atentados terroristas de aquel día. 

Pero no es esta la única forma en la cual el 11 de Septiembre del 2001 es recordado por los estadounidenses. Justo a una cuadra del Memorial, ciudadanos comunes y corrientes exhiben pancartas, afiches y vídeos donde cuestionan la versión oficial de los hechos. Denuncian los atentados como una especie de conspiración orquestada por fuerzas oscuras que habitan el país. La simpleza de su exposición contrasta con la majestuosidad del Memorial. A la intemperie promueven su contra-memoria ante las miradas indiferentes y acusadoras de los transeúntes. Uno que otro se acerca con actitud desafiante y desmiente la versión alternativa. No en pocas ocasiones las discusiones se tornan airadas. Mientras tanto, la solemnidad del Memorial es incorruptible. Un letrero advierte a los visitantes que ninguna manifestación que perturbe la calma del sitio será tolerada, aclarando así que las guerras por la historia no tendrán en el Memorial un campo de batalla.