lunes, 14 de abril de 2014

Los pobres y la politica

Giudici Reynaldo - La sopa de los pobres (1884)

Territorios de Esperanza llegó a su quinto año. Mucho ha cambiado desde aquel entonces, pero persisten las razones que inspiraron su creación hace un lustro. El compromiso sigue vigente y la lucha por "desnaturalizar la exclusión" continúa
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Los pobres son incapaces de involucrarse en asuntos de importancia publica. Asfixiados por su situación económica, deben invertir sus horas en ganarse el pan de cada día, lo que rara vez les permite reflexionar en el mañana. La competencia por los escasos recursos son también un impedimento para que ellos puedan pensar en el beneficio común. Todos estos fueron principios recurrentes en la formación de los gobiernos republicanos en la América del siglo XVIII y XIX. Desde los Estados Unidos hasta los países de América Latina, todos restringieron, al menos durante muchos años, el ejercicio del voto a quienes pudieran acreditar propiedad, educación básica y por lo tanto, cualidades para debatir los temas centrales de la sociedad. El paso del tiempo puso en evidencia lo que en aquel entonces no parecía ser tan obvio: nadie, sin importar su condición económica, es ajeno a los asuntos de carácter publico. Y la historia ha demostrado con creces que la política ha sido uno de los tantos escenarios donde los pobres han intervenido para reivindicar su derecho a una vida digna y a un mejor mañana. 

Que la historia lo haya demostrado no quiere decir que todos lo den por sentado. Años atrás, participé de la construcción colectiva del Plan de Desarrollo del gobierno distrital de la alcaldesa Judith Pinedo. En cada localidad, mujeres y hombres se reunían para debatir la hoja de ruta de la ciudad en los próximos años. Sus propuestas debían ser incorporadas en el Plan de Desarrollo, y muchas de ellas terminaron allí consignadas. Cuando llegó el turno de los barrios del Centro Histórico, los participantes de nuestra mesa de trabajo mostraron reticencia por el extenso horario de los debates, y uno de ellos sugirió que fuera re-programado para después de las 6 pm. Cuando debió explicar el porqué de su petición dijo que a diferencia de los demás barrios, a las personas que vivían en el Centro Histórico si debían trabajar y que por lo tanto, no podían participar de las mesas de debate en horarios de oficina. Lo ridículamente irónico es que días atrás, en las jornadas de trabajo de los barrios de las faldas de la Popa, un humilde hombre se me acercó en medio de los recesos y me dijo que aquel día había decidido no ir a trabajar. Que había dejado en casa su carretilla para vender frutas en la calle, tan solo para participar en la actividad. Entendía que era un sacrificio, pero que el futuro de Cartagena se lo demandaba.