domingo, 26 de julio de 2015

"Amarillos" vs. "Negros": la guerra de razas en Cartagena


A la memoria de mi amigo Roberto Oñoro, quien en vida fue siempre un buen hijo, un buen hermano, un buen amigo, y ante todo, un hombre de convicciones claras y de principios incorruptibles 


Niña blanca con su "aya"

Es de cartageneros re-victimizar a las victimas. Lo hacen a diario. Cada vez que se comenta la muerte de un joven de extracción humilde y carente de pergaminos, no son pocos los que dicen: "Por algo habrá sido". Cuando una mujer resulta violada, hombres y mujeres por igual suelen decir: "A la fija se lo buscó". El ultimo episodio de racismo en Cartagena puso en evidencia lo de siempre. Lo interesante del asunto es cómo muchos se solidarizaron con el victimario, mientras condenaban a la victima. Unos optaron por guardar silencio o desconocer la agresión (cosa que ni la misma perpetradora ha intentado negar), mientras resaltan las supuestas faltas del taxista, aduciendo que después de todo ella en algo tenía razón: todos los taxistas en Cartagena son por lo menos rateros e hijos de puta. Otros mas avezados justificaron la agresión en sí, aludiendo al insulto previo que el taxista había lanzado en contra de la mujer: "loca amarilla". De modo tal, que la retahíla racista de mas de tres minutos fue la reacción natural a un comentario igualmente racista. Si ella había sido discriminada por "amarilla", ¿porque no podría ella responder discriminando al taxista por "negro"? La justificación raya en lo absurdo. Dentro del sistema racial colombiano, ser "amarillo" bien podría ser un rasgo físico, mas no es un marcador racial. Salvo que seas una persona de origen asiático viviendo en los Estados Unidos o en la América Latina de inicios del siglo XX, el calificativo "amarillo" no está asociado a ningún grupo étnico o racial. De cualquier forma, el termino tampoco tiene una carga peyorativa equivalente a la de "negro". En Colombia a nadie se le excluye por ser "amarillo". 

"Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios". Que cada quien pague por su falta. Si el taxista cometió una infracción de transito, que responda por ella. Si la mujer incurrió en una agresión racista, que responda por igual. La primera falta no trae cargos penales. La segunda acarrea cárcel hasta por tres años. Coincido no obstante, con quienes aducen que a lo mejor la mujer es una buena persona que se dejó llevar por la ira, y terminó por comprometerse a sí misma frente a la palestra pública. Ella misma ha dicho que no se considera racista. Por el contrario, en sus propias palabras, comentaba que no tenía reparos en abrazar a su "aya" (así se le denominaba a las esclavas domesticas en la colonia), la cual es una mujer negra. Recuerda las palabras complacientes de un académico de la élite blanca de la ciudad, que decía que en Cartagena no había racismo porque sus "nanas" negras, después de toda una vida de servicios, gozaban del privilegio de ser enterradas justo al lado de sus amos blancos. 

jueves, 16 de julio de 2015

¿Nuestras calles para quien? A propósito de la peatonalización del Centro Histórico



Se debatió en estos días la posibilidad de peatonalizar las calles del Centro Histórico. Expertos en movilidad señalaban las ventajas de diseñar una red de andenes cómodos y seguros para que los ciudadanos circulen por la ciudad sin contratiempos y con prelación sobre los vehículos motorizados. Numerosos sectores han respaldado ya la iniciativa destacando los beneficios que esto también pudiera traer para la conservación y restauración del patrimonio arquitectónico colonial y republicano. Adelfo Doria, gerente de Espacio Público y de Movilidad del distrito, señaló que tal medida ya estaba contemplada en el Plan Especial de Manejo y Protección, el documento rector de planificación urbana para el Centro Histórico, y el cual había establecido una peatonalización parcial y progresiva del mismo. Tanto expertos como dirigentes locales creen que la iniciativa podría a hacer del Corralito de Piedra un espacio de convivencia y de socialización. 

Sobra decir que las circunstancias para que el Centro Histórico sirva como un espacio de convivencia y de socialización se han visto seriamente limitadas en los últimos años por la expansión desmedida de un comercio de orientación turística, cuyos precios son inaccesibles para el cartagenero promedio, y parte del cual se ha apoderado convenientemente del espacio público (la Plaza de Santo Domingo, y de San Diego, este último en disputa, y el Parque Fernandez de Madrid son algunos ejemplos). Si ya de antemano, los cartageneros han visto limitado su acceso y uso del Centro Histórico, ¿para quien se esta pensando la peatonalización del mismo?¿Será esta otra medida dirigida a facilitarle al turista el goce del Corralito de Piedra sin que los perjuicios de la ciudad moderna le afecten?¿Quienes se verían perjudicados con semejante medida? 

Adelfo Doria apuntó a que cualquier decisión que se tomé contemplará un dialogo abierto con los comerciantes del sector. ¿Pero que hay de los residentes del Centro Histórico?¿Como se verían afectadas sus vidas el día en que se les prive del derecho esencial de desplazarse en la ciudad de la forma en como lo crean conveniente? No serían los primeros cartageneros en enderezar las calles de tanto caminarlas, del mismo modo en que lo hacen muchos otros a los cuales no han llegado los beneficios de la "Revolución del Concreto" que ha emprendido el alcalde Dionisio Vélez. No obstante, sus voces merecen ser escuchadas. La peatonalización es valida, siempre y cuando se haga de manera parcial, consensuada, y controlada, para así prevenir sus efectos nocivos. La peatonalización limita la habitabilidad de los espacios urbanos, les resta un poco de su dinámica de ciudad, y en casos mas severos, favorece la gentrificación. Una peatonalización des-regularizada podría desalentar a los residentes actuales del Centro Histórico a permanecer allí, resistiendo el avance del voraz mercado inmobiliario. 

En todo caso, si existe una voluntad real por parte de las directivas del espacio público para crear espacios de convivencia y de socialización en la ciudad, bien valdría la pena alzar la mirada mas allá del Centro, allá a donde no acuden los turistas, pero donde habitan las grandes mayorías de los cartageneros. ¿Que hay de los numerosos parques desatendidos a lo largo y ancho de la ciudad?¿O de los andenes inacabados al pie de las principales vías?¿Donde están las ciclorutas para que la ciudad se movilice de manera mas sana y ágil? Son estas las preguntas que hay que responder si en realidad lo que se tiene en mente es en hacer de Cartagena una ciudad mas amable.