sábado, 29 de septiembre de 2012

Los nuevos guardianes de la historia de Cartagena



A la memoria de Eric Hobsbawn (1917-2012)

De silencios y omisiones esta llena la historia. Es un complejo proceso, que como bien afirma el gran historiador haitiano Michel Rolph Trouillot, inicia desde el control mismo sobre el origen de la fuente histórica, y que luego pasa por la constitución de los archivos, que aunque debieran funcionar como guardianes objetivos de la memoria, también operan acorde con los intereses particulares de individuos y Estados. Los historiadores, desde luego, le dan continuidad a este proceso de selección y depuración de la memoria, y lo que los ciudadanos, lectores y estudiosos de la historia recibimos no es mas que una versión fragmentada de los hechos históricos, que guarda un vinculo algo precario con el pasado. 

La vieja historiografia cartagenera obedeció bastante bien a este principio. Una historia narrada por "hombres blancos", donde "hombres blancos" eran los artífices del pasado, y donde mujeres, afrodescendientes, obreros, artesanos y pobres eran piezas meramente decorativas. Hace años escuche una anécdota  de cuya veracidad ya no puedo dar fe, pero que de ser cierta no me generaría extrañeza alguna. Cuando a un insigne miembro de la vieja historiografia tradicional de Cartagena (cuyo nombre omito por razones obvias) se le pidió su opinión con respecto a la apertura de un programa de Historia en la única universidad publica de la ciudad, dijo algo mas o menos así  "No me parece. Se nos llenaría el gremio de negros." 

Debo darle la razón. Efectivamente el gremio se les llenó de negros. Pero no solamente de negros. También se les llenó de mujeres, de hijos de obreros y empleados, de gays, de lesbianas, de muchachos humildes criados en barrios sub-normales, que cruzan la ciudad con el dinero del transporte y con unos cuantos pesos para fotocopiar los libros de las clases. No viven en quintas en Manga, ni en apartamentos en el Pie de la Popa, Bocagrande o Castillo. No viven dentro del perímetro amurallado. Y no solamente se apoderaron del gremio, sino que ademas, desplazaron a sus viejos propietarios. Hoy son la voz autorizada para narrar la historia de la ciudad. Lo hacen desde muchos frentes, en los cuales jamas se hubiesen pensado los honorables miembros de la historiografia tradicional. Lo hacen desde la escuela, desde las universidades, desde los museos, desde las ONG´s. Implementan las múltiples formas de practicar la historia, sin que necesariamente reciban la formación mas apropiada para hacerlo (la historiografia colombiana, al igual que cualquier otra en el mundo actual, esta subordinada al peso de academicismo, que rara vez concibe el ejercicio de la historia mas allá del alma-mater), pero no renuncian a la innovación, a la capacidad recursiva, y que se ajustan a la demanda de la sociedad. Están adelantado una verdadera revolución en la memoria colectiva de los cartageneros. Ya dejo ser la historia de los "hombres blancos", narrada por los "hombres blancos". Hoy, las piezas decorativas del ayer, son sujetos y sujetas de la historia.