martes, 29 de noviembre de 2011

FARC: dogmatismo escrito con sangre


A Andres Felipe Perez le fue diagnosticado un agresivo cancer terminal cuando apenas contaba con 10 años. Segun los medicos, solo un transplante de riñon podia salvarle la vida. Pero ninguno de sus familiares allegados era compatible con el pequeño. Solo su padre podia donarle el riñon que le salvaría la vida. Desafortunadamente, su padre, Jose Norberto Perez, era un suboficial de la policia que habia sido secuestrado por las FARC justo en el inicio de la fase critica de la enfermedad de Andres Felipe. Solo su liberación hubiese permitido la donación exitosa, y por consiguiente, haber salvado su vida. A pesar de las peticiones y los ruegos del niño, de su madre y de la opinión publica en general, las FARC se negaron reiteradamente a liberar a su "prisionero de guerra", a pesar de que en aquel momento se adelantaban dialogos de paz entre la guerrila y el estado colombiano en la zona de distensión del Caguán. Dilataron tanto la petición, que a inicios del 2001, los medicos a cargo del cuidado de Andres Felipe, revelaron que ya era imposible salvar su vida y que no le aguardaban muchos meses de vida. Las suplicas del niño tomaron otro rumbo. Ahora, imploraba que le permitieran ver a su padre antes de su inevitable partida. Sin embargo, las FARC nuevamente insistieron en su negativa. Finalmente, el 18 de diciembre del 2001, Andres Felipe perdió la batalla contra el cancer, y murio esperando por el retorno de su padre. Él, sería asesinado por las FARC tiempo despues, en un intento frustado de escape. 

Muchos acompañaron el clamor del niño por la liberación oportuna de su papá. Uno de ellos, fué Fidel Castro, el lider historico de la Revolución Cubana y el presidente de Cuba en aquel entonces. Él, de su puño y letra, le escribió una carta al comandante Manuel Marulanda, llamando a la liberación del hombre, por respeto a los principios humanitarios de todo buen revolucionario. Marulanda le respondió, que no se preocupara, que año tras año morian cientos de niños aquejados por el hambre originada por la oligarquía, y que antes que todo, lo mas importante era el triunfo de la revolución. Se dice, que un Fidel Castro visiblemente disgustado dijo: "lo que faltaba, que estos me vengan a dar clases de revolución a mi". 

Una visión apresurada de los actos de las FARC harían pensar a cualquiera que ellos han perdido sus ideales tras casi 50 años de lucha. A diferencia de lo que supone la mayoría, yo particularmente considero que ellos no han perdido sus ideales, y que por el contrario, los conservan intactos a pesar del paso del tiempo. Pero eso no es motivo de celebración. Ese es quizás uno de los peores defectos de la guerrilla, junto al irrespeto permanente a la sociedad civil y al derecho internacional humanitario. El marco ideológico que todavía  mueve a las FARC es anticuado, ortodoxo y dogmático, incapaz de comprender las dinámicas de la realidad actual. Ellos son los herederos de modelos explicativos inútiles para explicar las nuevas formas de exclusión y desigualdad que hoy aquejan al país. Como dice el destacado sociólogo e historiador Daniel Pecaut, las FARC pareciera: "no darse cuenta de los cambios ocurridos en Colombia. Como los pasajeros de dos trenes que se encuentran en una estación, creyeron que se movían cuando en realidad lo que se desplazaba era todo y cuanto los rodeaba." Presa de sus propias confusiones, han alargado un conflicto armado que hoy mas que nunca amerita una salida política, donde las partes involucradas se sienten a negociar, apartándose de posturas dogmáticas e irreconciliables.

Hoy, tras décadas de un brutal conflicto armado, la sociedad civil colombiana sigue encerrada en el fuego cruzado de los actores de la guerra. Todos y sin excepción alguna, desde la guerrilla, pasando por los paramilitares y la fuerza publica, son violadores de los derechos humanos, y han sometido al pueblo a vejaciones innombrables. Los hechos recientes nos demuestran la brutalidad de la guerra. Cuatro secuestrados acribillados, tras mas de 10 años de encierro en la selva, un acto apenas comparable con el encierro prolongado al que someten a los sentenciados a muerte, antes de quitarles la vida, tal como si estuvieran pagando una doble condena.

Fotografia: Andres Felipe Perez en compañía de su madre.

viernes, 11 de noviembre de 2011

El 11 de Noviembre de 1811: memorias de la lucha por la igualdad


A la memoria de Jorge García Usta (1960-2005), quien transformó las fiestas de Noviembre en un evento digno de ser celebrado

La Junta Suprema de Gobierno se hallaba reunida en ese momento dentro de los muros del Palacio de Gobierno. De repente, un grupo numeroso de hombres armados, negros y mulatos en su mayoria, liderados por Gabriel Gutierrez de Piñeres, Pedro Romero e Ignacio Muñoz, irrumpieron en la sala exigiendole a los miembros de la Junta la firma de una declaratoria de independencia absoluta de la corona española. Mientras tanto, un grupo de artesanos y milicianos provenientes del arrabal de Getsemaní se habían apoderado del armamento ubicado en las bodegas de la ciudad y ahora se organizaban para salir a tomarse las calles. Sin mas remedios que acceder a las exigencias, y con las masas populares en las afueras del Palacio demandandolo, los miembros de la Junta Suprema finalmente accedieron y procedieron a declarar la independencia absoluta del Estado Soberano de Cartagena de Indias. Ese 11 de Noviembre de 1811, Cartagena se convirtió en la primera ciudad del Virreinato en proclamar su separación definitiva del imperio español y el desconocimiento total de cualquier injerencia por parte de una potencia extranjera. Detrás de esta iniciativa se encontraban desde un primer momento, los negros y mulatos del barrio Getsemaní.

Desde los primeros acontecimientos de la independencia ocurridos desde junio de 1810 a noviembre de 1811, los sectores populares tuvieron un protagonismo sin precedentes en la historia de la ciudad. Las élites eran incapaces de contener a las masas, y debieron negociar con sus dirigentes para controlar los hechos y orientarlos hacia sus propios intereses. Sin embargo, los habitantes de los sectores populares regularmente procedían con total autonomía, sin que las élites pudieran hacer mayor cosa para detenerles. Para inicios del siglo XIX, existían sectores sociales prósperos y altivos que habían estado escalando posiciones en la rígida sociedad colonial, fuera a través de la milicia o del gremio de artesanos. Mientras iban ascendiendo, sus aspiraciones iban acrecentándose. El anhelo de la igualdad y el deseo de convertirse en ciudadanos en pleno ejercicio de sus derechos, indistintamente del color de piel, fueron los móviles que los llevaron a involucrarse en los hechos que finalmente condujeron a la independencia. Tras el 11 de Noviembre de 1811, se integraron al gobierno republicano, y a través de la Constitución del Estado de Cartagena de 1812, garantizaron el ejercicio de la ciudadanía para todo hombre sin distinción de raza. Esto hizo de la sociedad cartagenera una sociedad adelantada a su época, y sentó un precedente para el resto del país que apenas iba en procura de consolidar la independencia absoluta.

La sociedad cartagenera del siglo XIX es una sociedad de matices. Mientras la norma desconocía la existencia de razas y proclama la igualdad entre los hombres, las estructuras socio-culturales heredadas de la colonia seguían imponiendole limites a la construcción de una sociedad enteramente democrática y liberal. Esto no fue impedimento para que sucesivas generaciones de afrodescendientes ocuparan lugares privilegiados en la estructura social, económica y política de la Cartagena del siglo XIX. Gracias a la obra de historiadores como Alfonso Munera, Aline Helg, Marixa Lasso, Raul Roman, Javier Ortiz, Jorge Conde y Francisco Florez, hoy sabemos que los descendientes lejanos de aquellos africanos traídos en condición de esclavitud, fueron parte activa de la sociedad republicana, y se valieron de cualquier recurso para hacer sentir su presencia. Desde Pedro Romero, un artesano mulato que desempeñó un papel central en la primera independencia de la ciudad, fueron muchos los afrodescendientes que figuraron en la vida publica de Cartagena, de la región y del pais. Al lado de Romero, se encuentran hombres como Jose Prudencio Padilla, Mauricio Romero, Manuel Ezequiel Corrales, Manuel Pajaro Herrera, Francisco Vargas Velez y Francisco Obregon. Practicamente todos debieron lidiar con las barreras de una sociedad que se resistía a cambiar, pero que tampoco pudo evitar que los afrodescendientes apelaran al derecho a la igualdad conquistado por sus antecesores en la gesta independentista, para reclamar lo que por norma les pertenecía: la condición de ciudadanos.

200 años después del 11 de Noviembre de 1811, la sociedad cartagenera sigue estando regida por viejas normas y costumbres que recuerdan los tiempos grises de la colonia. El racismo, la exclusión y la segregación, junto a la homofobia y otras nuevas formas de discriminación, siguen polarizando una sociedad que se resiste a la igualdad. Sin embargo, nuestra historia nos demuestra que nada es imposible entre el cielo y la tierra, y que la lucha de los negros y mulatos en 1811 es un precedente de cuanto es posible cuando las masas se organizan para demoler estructuras sociales anacrónicas que cuestionan el derecho universal e innegociable a la igualdad.

P.D: Desde el 15 de Noviembre, y en el marco de la conmemoración del bicentenario de la Independencia de Cartagena, se adelantará en el Teatro Adolfo Mejía el "Seminario en el Bicentenario de la Independencia de Cartagena", organizado por el Instituto Internacional de Estudios del Caribe de la Universidad de Cartagena y el IPCC de la Alcaldía de Cartagena. El evento contará con la asistencia de destacados historiadores que debatirán sobre distintas interpretaciones de la independencia en distintos rincones de América Latina.  La entrada es totalmente libre.

Imagen: "La historia es nuestra caballero" de Nelson Fory. www.pedroromeroviveaqui.blogspot.com