sábado, 30 de enero de 2010

Letras y musica para cultos: el Festival de Musica y el Hay Festival en Cartagena


Cartagena se convierte en estos días en la meca cultural del país. Renombrados artistas, músicos y literatos se pasean por las calles de la ciudad. Ambos eventos, el Festival de Música y el Hay Festival, gozan de un reconocimiento mundial, que sitúa a Cartagena año tras año, en el mapa cultural global. Lo verdaderamente asombroso, es la capacidad que ambos eventos tienen, muy a pesar de su trascendencia global, para pasar desapercibidos para el cartagenero promedio. Pueden hacer el ejercicio el año próximo, y verán que es mucho mas sencillo de lo que parece. Basta con que se nieguen a ir a la Cartagena turística y ya está. Continuarán sus vidas sin mayores trastornos y habrán perdido de vista que en algún momento del mes de enero, la ciudad gozó de una vida cultural de renombre internacional. Te será mucho mas sencillo si no eres un amante empedernido de la literatura universal, o si te da lo mismo escuchar una tonada del excéntrico Mozart o del antisemita Wagner. Pero a diferencia tuya, existirá una reducida elite que aguardó durante todo un año por una ocasión para lucir sus mejores trajes y presumir de su gusto por la cultura de avanzada. Ellos serán parte de todo un espectáculo donde el glamour y la distinción sobresale por encima del arte y del conocimiento.


Comencemos con ejemplos elementales para comprobar hasta que punto la cultura, que debiera servir para unir lazos entre los hombres, se convierte en un mecanismo de distinción social. En la inauguración del Festival de Música de un par de años atrás, una empresaria cartagenera que hizo parte del equipo organizador, calificó a la música clásica "como la mas culta de todas". Los cartageneros que vivimos mas allá del cordón amurallado, descendientes de los cartageneros segregados a las periferias, o de los humildes inmigrantes venidos del campo, viejos amantes de la salsa, de la champeta o del vallenato, debemos sentirnos, por lo tanto, como miembros de la cara "menos culta" de la ciudad. Ahora entiendo porque en uno de los últimos conciertos del Festival del presente año, no pude observar un buen prototipo del cartagenero promedio. En la extensa fila para entrar al Teatro Adolfo Mejia, observé tan solo tres personas de color. Un vendedor ambulante que merodeaba los alrededores, un revendedor de boletas, y un agente de policía que procuraba ignorar la presencia de los dos primeros. De no haber sido, por el ardiente sol de aquella tarde, hubiese jurado que estaba en frente un público de europeos que aguardaba por una buena función de música europea, en un teatro ubicado en algun rincón de Europa. Y aunque lucian como extranjeros, dudo mucho que alguno lo fuera. Parecían simplemente, hombres y mujeres afortunados que habían encontrado una buena oportunidad para presumirlo.


El ultimo ejemplo, y el mas vergonzoso de todos, pude contemplarlo en la inauguración del Hay Festival. Como es costumbre la cita tuvo lugar en el Teatro Adolfo Mejia. No lucia como un evento cultural cualquiera; el despliegue de medios, el apoyo logístico, la seguridad, todo parecia digno de un encuentro mundial de mandatarios. Pero lo verdaderamente revelador no se hallaba en los alrededores, estaba justo en las puertas del teatro. Los organizadores consideraron justo dividir el acceso en tres partes: una para los estudiantes, quienes asisten gratuitamente al evento, una para el publico, quienes se costearon la entrada, y una ultima, la entrada VIP, reservada para personalidades del mundo de la farándula y de la vida pública. Entre una puerta y la otra, no existe un solo metro de separación, no obstante, ellos creyeron inteligente mantener separadas a las tres clases de publico. Y mientras la fila del público y la de los estudiantes se extiende varios metros mas allá del teatro, la entrada VIP permanece deshabitada. Es apenas obvio, no cualquiera puede gozar de este calificativo. La sigla VIP en español traduce "persona muy importante", y asumo que para los organizadores los estudiantes y el público en general, no son lo suficientemente importantes para compartir el acceso con las distinguidas personalidades del jet-set criollo. Ningún encuentro académico serio, o que se precie de serlo, degrada a sus asistentes de esta manera. Pero asumo tambien, que por otro lado, la oportunidad de presumir cuan culto se es, amerita tolerar uno que otro insulto simbólico.


La sola metodología propuesta por el Hay Festival es excluyentemente antipedagogica. Un par de intelectuales prestigiosos conversan entre ellos, mientras los espectadores, sin intervenir de ninguna manera, escuchan atentamente ese derroche de conocimiento. Cero interacción, cero discusión, cero debate. Ahora bien, si haces parte del selecto grupo VIP, quizas tengas la oportunidad de conocer personalmente a los distinguidos escritores y de dialogar extensa y cordialmente con ellos. De no serlo, siempre será un buen recurso discutir con la almohada lo aprendido, o en su defecto, con otra persona tan poco importante como tu.


Pero mas alla del corralito y de sus muros de exclusión, existe una marejada de gestores culturales y artistas locales, que viven la cultura mas allá del mes de enero. No interpretan "musica culta", pero saben bien como sacarle melodias a un tambor, a un llamador y a la gaita. Puede que no hayan leido todos y cada uno de los best sellers de los últimos cinco años, pero saben dibujar con palabras la vida bajo el calor del tropico. Para ellos no hay cubrimiento de medios, para ellos no hay glamour, ni prestigio. Pero ante todo, para ellos no existen personalidades VIP. No le niegan a nadie su arte, y tan solo les interesa mostrarlo, asi tan solo reciban a cambio unos cuantos aplausos. Sobreviven con lo suyo, habitando las periferias, cantando y escribiendo desde los arrabales. Asi lo hizo Etelvina Maldonado hasta el dia de su muerte. Murió en el olvido, viviendo en la pobreza. Se gozó su musica como ninguna, supo vivirla a pesar de la adversidad. Pero no le bastó. En todo caso, supongo que debió haber sido por que el bullerengue a final de cuentas, no era "música culta".

miércoles, 13 de enero de 2010

Arranca la pesadilla: la antesala de las elecciones legislativas en Colombia


Ya estaba bastante entrada la noche cuando llegué a una integración familiar en la casa de mis abuelos maternos, ya fallecidos años atras. Estaba inusualmente animada para ser una integración familiar, asi que me dispuse a disfrutar lo que quedaba de ella. Sin embargo, cuando ya me alistaba para departir con los presentes, vi dentro de la reunión una cara conocida nada grata. Una antigua compañera de labores que aún no me explico por que estaba allí. Me pasé el resto de la noche intentando evitarle hasta que me fué realmente imposible. Terminé sentado a su lado sosteniendo una conversación exageradamente molesta, hasta que tuve la oportunidad de borrarme del mapa e irme de la integración ya cerca de la medianoche.

Para mi sorpresa, cuando llegué a mi morada la encontré sentada en una habitación esperando por mi para continuar con la nada amena conversación de la cual habia desertado tiempo antes. Sin encontrar otra excusa que me permitiera liberarme de la incomoda situación, volví a sentarme a su lado y me dispuse a conversar con ella. No obstante, me percaté de que habia cambiado su vestimenta, y que en vez de una desagradable blusa de colores, ahora tenia una camiseta de un candidato por el Departamento para las proximas elecciones legislativas. Le pregunté de que se trataba, conociendo de antemano sus inclinaciones a-politicas, y me comentó que trabajaba para el candidato en mención, y que estaba conquistando votos para su campaña, a cambio de unos cuantos pesos. Como era de esperarse le expresé inmediatamente mi repudio ante su actitud y mi negativa a votar por el candidato que ella defendia. Me dijo que no lo conocia como para hacer juicios premeditados sobre el, y que por lo tanto no podia negarme a darle una oportunidad al caballero. Le recité el nombre completo de su candidato, (que seguramente ella desconocia, pues no habia memorizado mas que el primer apellido, el logo de su partido, y su numero en el tarjetón) y le hice saber que lo conocia de tiempo antes, y que jamas habia sido de mis afectos por un buen numero de razones, que no dude en mencionarle.

A ella no les gustó para nada mi aptitud. Me reprochó mi arrogancia, mi prepotencia y mi dogmatismo (de los cuales ya tenia conocimiento). Me puse de pie un poco exaltado y le recordé una promesa que me habia hecho a mi mismo antes de iniciar el nuevo año: que no me martirizaria mas de la cuenta por el rumbo de las elecciones que estaban por venir. Igual de exaltada se quitó su camiseta y me juró no volver a discutir sobre el tema. En ese momento me desperté. Eran las 4 de la tarde del 13 de Enero del 2010, y estaba tirado sobre mi cama, con el mismo dolor de cabeza con el que habia acostado un par de horas atras. Antes de que pudiera colocarme de pie, comprendí que todo no habia sido mas que un desagradable sueño.

Me tomé una pastilla para calmar el dolor y me senté por unos minutos para relajarme un poco. Mientras estuve sentado pude llegar a tres conclusiones rapidas: primero, que mi salud mental estába ligeramente tocada ultimamente, que no debí excederme en la dosis del medicamento, tal como me lo habian advertido las contraindicaciones, y por ultimo, que la pesadilla de las elecciones legislativas en Colombia apenas arranca. Ahora se que es tan solo cuestión de tiempo para que inicie la compra-venta de votos y de conciencias. Veremos el espectaculo de la democracia colombiana en todo su explendor; colombianos y colombianas marchando uno detras de otro, depositando sus votos para elegir a los peores candidatos posibles.
Ahora recuerdo las palabras del destacado historiador colombiano, Eduardo Posada Carbó, cuando sostiene que Colombia tiene una madura tradición democratica de mas de dos siglos de antiguedad. Seguramente desconoce las memorias de un diplomatico brasileño, Miguel Maria Lisboa, que visitó el Caribe colombiano en 1853, y que recordaba un episodio que cuestiona ligeramente sus argumentos. Lisboa narraba una conversación que tuvo con un campesino entrado en años, nativo del poblado de Arjona, quien expresaba su deseo de participar en las elecciones de la epoca. Dijo no haber definido si votaria por Bartolomé Calvo o Juan Jose Nieto, y concluyó exclamando: "que votaria por quien mas le pagara". ¿Tradición democratica? Hasta el momento mis queridos compatriotas no han demostrado otra cosa que su capacidad para venderle el alma al mejor postor.