lunes, 23 de junio de 2014

La cruda verdad: la contribución africana a la esclavitud


En medio de las gestiones de paz entre el estado colombiano y las FARC, uno de los temas debatidos ha sido sobre la forma en como las victimas del conflicto armado deben ser reparadas una vez este llegue a su fin. Colombia no es el único país de la región que busca alternativas para resarcir a quienes han sido sometidos a una experiencia violenta. Mientras la reparación para el caso colombiano es debatida en Cuba, en otro rincón del Caribe varios países se organizaron para exigir a las potencias europeas que sus ciudadanos, en su gran mayoría afrodescendientes, sean reparados por los efectos causados tras siglos de esclavitud. Lideres de estado, académicos y activistas han respaldado incondicionalmente la iniciativa. Sin embargo, ella no esta libre de controversias. 

Henry Louis Gates, quizás el académico afroamericano mas reconocido en la actualidad, ha expuesto lo problemático de la reparación en una de sus columnas en el New York Times. El sugiere que la razón por la cual esta iniciativa es tan complicada se debe a que no es posible identificar a un único responsable. La responsabilidad de las potencias imperiales europeas y de las élites blancas en América es indiscutible. Sin embargo, no fueron las únicas implicadas. El punto de partida del trafico negrero estaba en manos de los reinos africanos (como Asante, Dahomey, Mbundu) que se encargaban de capturar a las victimas y de conducirlas a las costas del continente donde posteriormente las vendían a comerciantes europeos, siendo esta actividad una de sus principales fuentes de ingreso. Investigaciones recientes demuestran que al menos un 90% de los esclavizados fueron capturados a través de esta vía. 

La esclavitud por si sola era una institución común entre los africanos. A diferencia de la esclavitud en el mundo occidental, en África ella no era la base de la estructura productiva, y los esclavizados solían trabajar en igual de condiciones que sus amos. Ellos eran por lo general prisioneros de guerra que habiendo sido capturados quedaban convertidos en esclavos. La esclavitud no era hereditaria, y por lo tanto sus hijos eran libres. Siendo ella tan común, no era de extrañarse que algunos reinos africanos decidieran reorientarla un poco con el fin de adquirir fortuna. Los descendientes de africanos en América tampoco tuvieron reparos en hacerlo. Muchos afrodescendientes a lo largo y ancho de América, fuera en las colonias inglesas, españolas o portuguesas, fueron propietarios de esclavos. Y se sabe ademas de algunos casos en los cuales algunos esclavos fueron capaces de adquirir esclavos por su cuenta y de ponerlos a trabajar bajo sus ordenes. 

¿Que llevó a los africanos a esclavizar a los suyos? No existe una respuesta unificada para este interrogante. Se ha dicho que quizás ellos creían que la esclavitud en América no era distinta a la que ellos practicaban. No obstante, es bien sabido que muchos esclavizados lograron regresar a África y que allí pudieron dar cuenta de los horrores que en América debieron soportar. Notables súbditos de los reinos africanos viajaron a Europa y a América y allí debieron ver con sus propios ojos lo que significaba ser un esclavo del otro lado del océano. Sin embargo, no pareció importarles. ¿Porque? Quizás, después de todo, ellos no eran los "suyos". Por encima de los coincidencias físicas, África es y era un continente tan heterogéneo como cualquier otro, y las divisiones étnicas eran numerosas. Las personas que eran esclavizadas quizás provenían de etnias distintas a las de sus captores. De cualquier forma, como afirma Henry Louis Gates: "hombres blancos y negros, de ambos lados del océano, fueron cómplices en una de las paginas mas malvadas de la historia de la humanidad."

Todas estos hallazgos indudablemente complican el debate sobre la reparación. La discusión tendrá que pasar por un serio y riguroso escrutinio de las dinámicas de la esclavitud antes de procurar resarcir sus efectos en el presente. 


domingo, 1 de junio de 2014

A sus 481 años, Cartagena "no es ciudad para viejos"


Cuando vi por primera vez a un pequeño grupo de hombres de tercera edad sentados en las bancas de un centro comercial del sur de la ciudad, pensé que se encontraban allí a esperas de un bus que les llevaría a una integración festiva de un hogar de ancianos o de una cooperativa de pensionados. Cuando les vi por segunda vez comencé a sospechar de la validez de mi primera hipótesis. Contrario a lo que suponía, ellos solían estar allí casi a diario. Desde que arrancaba la mañana hasta que caía la tarde, allí estaban conversando entre sí o con la mirada perdida sobre la caótica avenida atiborrada de carros y motos. Aquel era el mas a aberrante ejemplo de lo que ocurre a lo largo y ancho de las ciudades de América Latina: el espacio publico ha pasado a ser reemplazado por los pasillos y bancas de los centros comerciales. 



Cartagena carece de una cantidad decente de espacio publico de calidad en proporción a su numero de habitantes. Existen barrios enteros, habitados por decenas de miles de personas, donde no existe un solo parque. Las autoridades locales, en las contadas intervenciones estructurales sobre el espacio urbano, han hecho muy poco para remediar esas carencias. No solamente el espacio publico de calidad ha sido concentrado en la ciudad turística y en los barrios de las clases privilegiadas, sino que por demás ha sido diseñado de tal manera que su uso esta fuertemente condicionado. Con las obras del Transcaribe, se construyeron varios parques al interior y en el perímetro del centro histórico, previa expulsión de los vendedores ambulantes. El resultado fueron espacios públicos de muchos méritos estéticos (el restaurado Camellón de los Mártires, el Parque Lineal de Chambacú, etc), pero que gozan de una negativa característica común: es imposible darles uso durante las horas del día. No existe forma de que un cartagenero pueda desafiar el abrazador sol de la ciudad, sentándose en un parque donde no existe un solo árbol frondoso que le pueda brindar sombra. En un acto evidentemente deliberado, estos parques fueron diseñados sin el beneficio de la sombra para impedir que fueran apropiados de manera permanente por los cartageneros. Lo que se presume fue pensado para desalentar a los vendedores ambulantes, se hizo extensivo a cualquier ciudadanos. En sus 481 años, Cartagena se ha esforzado por encontrar formas mas sutiles, pero no menos efectiva de generar exclusión. Ni sus viejos pueden gozar de un espacio decente para habitarla. No mucho puede esperarse de una ciudad que nació de la destrucción del Calamarí de los indios Caribe, y que hoy vive de la exclusión de los suyos.