domingo, 1 de junio de 2014

A sus 481 años, Cartagena "no es ciudad para viejos"


Cuando vi por primera vez a un pequeño grupo de hombres de tercera edad sentados en las bancas de un centro comercial del sur de la ciudad, pensé que se encontraban allí a esperas de un bus que les llevaría a una integración festiva de un hogar de ancianos o de una cooperativa de pensionados. Cuando les vi por segunda vez comencé a sospechar de la validez de mi primera hipótesis. Contrario a lo que suponía, ellos solían estar allí casi a diario. Desde que arrancaba la mañana hasta que caía la tarde, allí estaban conversando entre sí o con la mirada perdida sobre la caótica avenida atiborrada de carros y motos. Aquel era el mas a aberrante ejemplo de lo que ocurre a lo largo y ancho de las ciudades de América Latina: el espacio publico ha pasado a ser reemplazado por los pasillos y bancas de los centros comerciales. 



Cartagena carece de una cantidad decente de espacio publico de calidad en proporción a su numero de habitantes. Existen barrios enteros, habitados por decenas de miles de personas, donde no existe un solo parque. Las autoridades locales, en las contadas intervenciones estructurales sobre el espacio urbano, han hecho muy poco para remediar esas carencias. No solamente el espacio publico de calidad ha sido concentrado en la ciudad turística y en los barrios de las clases privilegiadas, sino que por demás ha sido diseñado de tal manera que su uso esta fuertemente condicionado. Con las obras del Transcaribe, se construyeron varios parques al interior y en el perímetro del centro histórico, previa expulsión de los vendedores ambulantes. El resultado fueron espacios públicos de muchos méritos estéticos (el restaurado Camellón de los Mártires, el Parque Lineal de Chambacú, etc), pero que gozan de una negativa característica común: es imposible darles uso durante las horas del día. No existe forma de que un cartagenero pueda desafiar el abrazador sol de la ciudad, sentándose en un parque donde no existe un solo árbol frondoso que le pueda brindar sombra. En un acto evidentemente deliberado, estos parques fueron diseñados sin el beneficio de la sombra para impedir que fueran apropiados de manera permanente por los cartageneros. Lo que se presume fue pensado para desalentar a los vendedores ambulantes, se hizo extensivo a cualquier ciudadanos. En sus 481 años, Cartagena se ha esforzado por encontrar formas mas sutiles, pero no menos efectiva de generar exclusión. Ni sus viejos pueden gozar de un espacio decente para habitarla. No mucho puede esperarse de una ciudad que nació de la destrucción del Calamarí de los indios Caribe, y que hoy vive de la exclusión de los suyos. 

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