jueves, 14 de abril de 2011

Marchando por la defensa de la universidad publica



Tras cumplir dos años de labores, el compromiso de "Territorios de Esperanza" sigue siendo el mismo: "desnaturalizar la exclusión". Mientras dicho proposito siga sin ser cumplido, la tarea continua. Y aún si tomara 100 años más, estariamos dispuestos a continuar la marcha.

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La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de sosportar a los tiranos.
Manifiesto de Cordoba (1918)


¿En serio creyeron que podían silenciar el justo reclamo de los estudiantes? ¿Que podían intimidarlos con la criminalización de su causa? Se equivocaron. Miles marcharon sobre las calles del país. Eran miles y miles de voces gritando al unísono. Ese día la universidad pública tenía sus dolientes; tenía quien la defendiera de las agresiones descaradas del gobierno.

Durante días bombardearon las noticias con incriminaciones que asociaban el movimiento estudiantil con la subversión. El flamante ex – comandante de la Policía Metropolitana de Cartagena los tildó de “terroristas”. Para él, para los medios de comunicación, para el presidente Santos y para todos sus subalternos, los estudiantes tenían una respuesta: “No somos guerrilla, no somos paracos, somos estudiantes universitarios”. Las masas le propinaron una bofetada para quienes creyeran que los pasillos de las universidades eran una extensión de los campos de guerra. En Cartagena, ese día los estudiantes demostraron que no tenían más armas que la palabra precisa, la valentía para marchar a pesar de la infame campaña de los medios, y la capacidad sobrenatural para caminar sobre el pavimento ardiente de la mañana.

El comportamiento de los estudiantes fue decoroso. Prácticamente no hubo altercados; salvo por un perro apachurrado en la mitad de la avenida y que causó conmoción entre quienes pasaron inadvertidamente sobre el difunto.

La entrada al centro de la ciudad fue gloriosa. Un kilometro atrás los ánimos estaban decaídos. El sol del mediodía había derretido la efervescencia de los primeros pasos. Pero al llegar allí se desató la euforia adormecida. Seguían unidos, sin deserciones, marcharon como un solo cuerpo. Había espectadores por todos lados. En los edificios, los empleados de las oficinas saludaban el paso de la marcha. Nos sentíamos vencedores. Nos habíamos expresado sin límites y sin privaciones. Pero es de suponer que la lucha apenas comienza. Pero confío en que los estudiantes volverán a tomarse la ciudad, cuando el sistema pretenda apoderarse de lo que no les pertenece: la siempre digna y autónoma universidad pública.