lunes, 14 de febrero de 2011

África: entre la revolución y la intolerancia


El fervor y la persistencia de las masas populares finalmente rindieron sus frutos. Las viejas dictaduras de Zine El Abidine Ben Ali en Tunez y la de Hosni Mubarak en Egipto se derrumbaron una detrás de la otra. Ambas debieron ceder a multitudinarias manifestaciones de ciudadanos hastiados de sus regímenes corruptos y autoritarios, "coincidencialmente" respaldados por Occidente. El "efecto dominó" se ha extendido al resto del Norte de África y ya se han registrado protestas en Argelia y Marruecos, propagándose inclusive a Yemen y Jordania en el Cercano Oriente. Analistas no han dudado en comparar estos eventos con el derrumbe de las dictaduras "comunistas" de Europa Oriental en 1989. Aún sin que no se quisiera entrar en comparaciones polémicas y anacrónicas, no cabe duda de que estos eventos habrán de generar un cambio en el mapa político del norte del continente africano.

No obstante, el panorama no es tan alentador como parece. O por lo menos requiere ser apreciado con discreción. Detrás de las revueltas populares en Egipto se hallaban las fuerzas de la Hermandad Musulmana, la principal fuerza de oposición en el país y de abierta orientación islámica. Estados Unidos e Israel han expresado reiteradamente su temor de que esto represente un giro favorable hacia Al - Qaeda y hacia otras fuerzas islamistas radicales. Sin embargo, la organización ha dejado claro en comunicaciones recientes que no tiene mayores intenciones de trastornar las relaciones internacionales de Egipto, ni mucho menos de respaldar acciones violentas en contra de Occidente. Pero, el problema real radica en lo que sucederá dentro de las fronteras nacionales y en los potenciales efectos que un eventual ascenso al poder de una organización teocratica pueda tener sobre las libertades civiles, cosa que ademas ha sido ignorada y desatendida por la comunidad internacional. En pocas palabras, se teme a que se repita la "paradoja iraní", en la cual una enorme revolución de masas derivó en un estado totalitarista, ultra - conservador y profundamente intolerante.

Desafortunadamente, ni Egipto, ni la mayor parte de los países africanos constituyen buenos ejemplos de estados tolerantes y/o respetuosos con los derechos humanos. El trato a las minorías sexuales así lo demuestra. Con la única excepción de Sudáfrica, no existe un solo país africano que conciba leyes en contra de la discriminación hacia la población LGBTI. Por el contrario, la mayoría de ellos tienen legislaciones que castigan con severidad las relaciones entre personas del mismo sexo con sanciones que van desde varios años en la cárcel hasta la pena de muerte.

En Egipto, aunque no exista ley alguna que lo prohíba, las practicas homosexuales son reprimidas y calificadas como un "desprecio al Islam". Paradojicamente, la primera pareja homosexual de la cual se tiene conocimiento es la de Nianjinum y Jnumhotep, una pareja de hombres egipcios que vivieron hacia el 2400 a.c y que aparecen representados en una imagen (ver arriba) en la que tocan mutuamente sus narices, siendo este el gesto mas intimo representado en el arte egipcio. Y es que las practicas homosexuales han sido un elemento común y socialmente aceptado en varios pueblos africanos a lo largo de la historia. E.E Evans Pritchard, un antropologo británico que vivió entre los Azande, un pueblo del norte del Congo, afirmo que los guerreros varones solían tener por amantes a jóvenes entre los 12 y los 20 años, con los cuales convivían regularmente. Los antropologos estadounidenses Stephen Murray y Will Roscoe documentaron en Lesotho la existencia de relaciones amorosas formales y socialmente aceptadas entre mujeres. En Senegal, hasta años recientes, la prostitución de hombres homosexuales estaba socialmente permitida y la homosexualidad por si sola era una practica bastante común entre los Wolof, la etnia mayoritaria del país. Una encuesta realizada en 1971 reveló que por lo menos el 17,6% de los hombres habían tenido experiencias homosexuales. No obstante, con el avance del islamismo se revivió una olvidada ley de 1965 que prohibía las relaciones entre personas del mismo sexo. Esto es precisamente lo que preocupa en el caso de Egipto. Finalmente, las organizaciones seculares, los movimientos estudiantiles, los sindicatos y los partidos de izquierda terminaron eclipsados por la Hermandad Musulmana. No obstante, la lucha por la democracia apenas empieza y solo basta esperar que las fuerzas sociales retoman las riendas de una revolución que originalmente les pertenece.