lunes, 31 de octubre de 2016

¿Porqué el exterminio de la Unión Patriótica no es un genocidio?



El exterminio de miles de militantes de la Unión Patriótica por parte de una alianza entre fuerzas de extrema derecha, narcotraficantes, y agentes del Estado colombiano constituye uno de los episodios mas vergonzosos de la historia del país. No solo demuestra la degradación del conflicto armado, sino que confirma la precariedad de nuestro sistema democrático. En las ultimas dos décadas, los esfuerzos para que se haga justicia han tenido conquistas notables. Se declaró el exterminio de la Unión Patriótica como un crimen de Estado y en consecuencia, el Estado colombiano reconoció su responsabilidad y pidió perdón a las victimas y sus dolientes. La existencia jurídica del partido fue restablecida, y los supervivientes, algunos de ellos aún en el exilio, reorganizaron el movimiento y han participado en las últimas elecciones, con resultados mas bien modestos. Algunos perpetradores han sido llevados a juicio y finalmente condenados. 

En todos estos años las victimas han insistido en que el exterminio de la Unión Patriótica sea reconocido como un genocidio, y de esta forma elevarlo al nivel de los crímenes mas repudiables en contra de la humanidad. Los esfuerzos han sido infructuosos, y nada advierte que llegarán a feliz termino. Sin importar el grado de barbarie demostrada en el exterminio, este no puede ser considerado un genocidio porque no existe un marco legal que lo permita. El Estatuto de Roma, el instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional, y la Convención para la Prevención y el Castigo del Genocidio de las Naciones Unidas, definen el genocidio como el exterminio, total o parcial, de una comunidad nacional, étnica, racial o religiosa. El exterminio de una colectividad política queda excluido de la definición. 

Las raíces de tal distinción se remontan a los debates sostenidos en la ONU tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Tras haberse revelado la barbarie detrás del Holocausto, la comunidad internacional diseñó un cuerpo de leyes destinado a prevenir la repetición del más abominable de los crímenes. El primer borrador de Convención para la Prevención y el Castigo del Genocidio de 1948 incluyó las matanzas políticas como un tipo de genocidio. La Unión Soviética se opuso vehementemente a esta provisión, quizás temerosa de que la violenta persecución que Stalin fraguaba en contra de sus opositores cayera bajo el escrutinio de la comunidad internacional. Otros países respaldaron la moción de la Unión Soviética, previendo que esto pudiera servir como excusa para la intervención de terceros en un asuntos internos. 

¿El asesinato premeditado de mas de tres mil militantes asociados a la Unión Patriótica es menos grave que cualquiera de los genocidios acontecidos a lo largo de la historia reciente? En algunos casos, probablemente no. Pero la sanción para sus perpetradores será menos severa en virtud de las frías maquinaciones de actores políticos ajenos a la realidad colombiana. Esto demuestra la subjetividad de lo que se presume objetivo: la ley y su aplicación. Indistintamente del concepto manejado por la Corte Penal Internacional o las Naciones Unidas, no existe consenso en cuanto a su contenido y uso. Negar que el Holocausto fue un genocidio puede llevar a la cárcel a cualquiera en Alemania. Afirmar la existencia del genocidio en contra del pueblo armenio podría traer consigo los mismos riesgos en Turquía. En todo caso, insistir en que el exterminio de la Unión Patriótica es un genocidio constituye un acto reivindicatorio justo y comprensible, aunque la historia ya haya obrado en contra de quienes lo afirmen. 

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