viernes, 6 de mayo de 2016

La revolución será integral o no será



No existe una sola causa que por justa que sea no de pie a exclusiones. Sujetos históricos que han luchado por defender sus derechos, en muchas ocasiones lo han hecho a partir de la exclusión de otros sujetos igual de oprimidos. Los ejemplos abundan. En los Estados Unidos, personas de la población LGBT, en la lucha por construir espacios tolerantes donde puedan expresar libremente su identidad de género, se han convertido en gestores de la gentrificación, desplazando así a pobladores de ingresos más modestos y a minorías raciales de las centralidades urbanas. Cesar Chavez, la cara visible del movimiento de los trabajadores agrícolas en el sur de los Estados Unidos, y por demás, una de las figuras mas prominentes entre los latinos, era un abierto opositor a la inmigración mexicana, que en su concepto era una herramienta de los empleadores para abaratar la mano de obra. No existe una solución única para enfrentar lo que para mucho puede ser una falta de coherencia en el seno de los movimientos sociales. Pero ciertamente es importante crear canales de dialogo entre las distintas expresiones políticas que se gestan al interior de la sociedad, promover la integralidad de causas por encima de las diferencias de clase, raza, y genero. No es una tarea fácil. Algunas causas se enfrentan y se anulan entre sí de manera inadvertida. No siempre es así. En muchas ocasiones, solo se trata de prejuicios tan encarnados en el modo de ser de las sociedad, que ni la causa mas justa se libra de ellas. La izquierda latinoaméricana ha sido catalogada por muchos como una izquierda conservadora. Los comentarios homofóbicos de parte de Evo Morales, la negativa de Rafaél Correa de respaldar movilizaciones por las libertades de género, y la actitud distante de parte del chavismo frente a la causa LGBT son ejemplo notorios. No es de extrañarse que en Colombia, un país gobernado por las derechas de manera ininterrumpida en los últimos 20 años, se hayan dado muchos mas avances en la materia que en sus similares sudamericanos. De modo tal, que el dialogo franco y sensato entre los sujetos históricos que luchan por sus propias libertades debe ser prioridad. Organizarse en torno a un enemigo común, y no dividirse en base a las diferencias existentes, debiera ser la premisa. 

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