sábado, 27 de febrero de 2016

Educación para curar el prejuicio



"No tengo nada en contra de los maricas. A mi caen mal son los maricones". No estoy citando a ningún tercero. Estas palabras son de mi autoria. Recuerdo haberlas dicho a mis 14 o 15 años. Crecí en un entorno familiar donde se me inculcó el respeto y la tolerancia hacía los demás. No obstante, estaba enfermo de prejuicios. A pesar de haber asistido a una escuela católica, las clases eran impartidas por maestros con hondas convicciones liberales que gestaron en mí un espíritu critico e inconforme. Sin embargo, la semilla del desprecio había germinado por igual dentro de mi. Venía alimentado por la ignorancia y el temor a lo desconocido. Hice parte de la generación a la que nunca se le formó en educación sexual. "El mundo de la pareja", una enciclopedia española sobre la vida sexual hizo las veces de maestra. Confieso que en principio solo me atrajeron las fotografías que instruían en el arte del amor, aunque después me perdiera en sus extensos capítulos. La programación para adultos de medía noche generó mas confusiones que certezas, y como maestra tuvo menos méritos. No tuve mi primera clase de educación sexual sino hasta los 15 años. No conocía intimidad alguna, y por lo tanto fui presa fácil del asombro y la incredulidad. Pero lo peor fueron los prejuicios inculcados por la ignorancia. Cuando ingresé a la universidad todo cambió. Se gestaba en aquellos años las bases del movimiento gay, que con el transcurrir del tiempo se convirtió en LGBTI. La educación curó mi prejuicio, y me liberó de las ataduras del ostracismo. Es probable que dentro de mi persista un poco de aquel ser atormentado por el desprecio hacía el otro. Es probable que no esté curado del todo. Mientras los fundamentalistas de la nación, liderados por el Procurador Ordoñez, se oponen a que se imparta la educación sexual desde los primeros años de la infancia, yo sueño con un mañana en que se apliquen vacunas contra el prejuicio, y no remedios tardíos contra el odio. Una temprana educación sexual con perspectiva de género es la mejor alternativa. 

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