domingo, 3 de noviembre de 2013

Patinando por el derecho a la ciudad

"Patinar no es delito", gritaban los manifestantes a las afueras de una estación de Policía de la Cartagena amurallada, en la noche del pasado 25 de Octubre . Adentro, un joven era maltratado por los agentes, tras haber sido capturado en un altercado con ellos en el Muelle de los Pegasos. El dramático evento solo culminó cuando un oficial sensato reprendió a sus subalternos y les ordenó dejar en libertad al detenido. 

Lo que para muchos ha sido entendido como un caso mas de brutalidad policial, (los que cada vez parecen ser mas recurrente) encierra otro problema menos evidente, pero no menos grave: un acto de represión en contra de ciudadanos que ocupaban legítimamente espacio publico. El altercado tuvo lugar cuando la Policía quiso impedir que el joven, y sus acompañantes, patinaran sobre el Muelle de los Pegasos, alegando que su presencia estaba afectando la circulación de los peatones y entorpeciendo "la vista turística del sitio", tal como lo afirmara el joven afectado días después.



El sitio donde ellos patinaban ha sido testigo de dramáticas renovaciones físicas en los últimos años, que si bien han resultado en una mejora material del espacio, también han traído consigo un evidente desplazamiento de ciudadanos cartageneros, en beneficio del diseño del paisaje turístico. Años atrás, el Muelle de los Pegasos y el Camellón de los Mártires eran el punto de llegada del transporte publico que partía de las periferias de la ciudad y culminaba su recorrido en el Centro histórico. Tras el inicio de las obras para la instalación del Transcaribe (el sistema de transporte masivo) en la zona, el recorrido de los buses fue desviado, impidiendo así que ingresara al Centro. De ahí en adelante, sus usuarios debían tomar el transporte por fuera de él, y los buses debían hacer un desvío enorme para reencontrarse con la avenida Pedro de Heredia (lo que le sumaba al menos 20 minuto al recorrido original), la principal arteria vial de la ciudad. 

Lo que parecía ser una medida incomoda, pero temporal, se convirtió en norma permanente. Desde aquel día, el Muelle de los Pegasos y el Camellón de los Martires quedaron convertidos en un punto muerto en todo el corazón del Centro. Sin los vendedores ambulantes que orbitaban alrededor de los buses y sin los miles de usuarios que se abarrotaban en sus esquinas para abordarlos. Sin la vida de la cual gozaba años atrás, la zona se convirtió en un corredor de transito entre el Centro histórico propiamente dicho (San Diego, Santa Catalina, La Catedral etc), donde la industria turística, el comercio, y la gentrificación estaban bien asentados, y el barrio Getsemani, que hoy amenaza por convertirse en una extensión del primero, renunciando a su histórico carácter residencial. 

Este proceso se ha acompañado con similares proyectos de recuperación de espacio publico entre el Centro y Getsemaní en otros dos puntos de la zona. El Parque Joe Arroyo y el Parque Benkos Biohó (antiguas Plazoletas de Telecom y de la Olimpica, respectivamente) fueron despejadas de vendedores ambulantes, remodeladas y debidamente iluminadas, y hoy hacen parte del circuito de transito que comunica los dos extremos de la Cartagena amurallada. Con aquella medida, el desplazamiento de un punto al otro es mas seguro y ágil. Sin embargo, han originado transformaciones socio-espaciales evidentes en Getsemani, que han generado recelo entre sus habitantes. La Plaza de la Trinidad, punto neuralgico del barrio, y sus alrededores, ya se asemejan bastante a cualquier otro espacio del Centro histórico. 


La resistencia de los jóvenes ante el acoso por parte de la Policía no solo fue un acto de defensa de su actividad recreativa, sino también una reivindicación de su derecho al espacio publico, a la ciudad misma. Sin mayores espacios para divertirse, recurrieron al espacio que creyeron que por derecho les pertenecía, pero que en los últimos años ha sido paulatina y silenciosamente arrebatado a los cartageneros, en beneficio de la industria turística.

1 comentario:

  1. Lo diferente, la diversidad, la alteridad se constituyen hoy en el mayor problema de la ciudades, la aspiración a la homogeneidad constituye sin duda alguna uno de las encrucijadas mortales del desarrollo de nuestras ciudades. La lucha por el derecho a la ciudad es en este sentido, una lucha por hacer de los espacios, lugares para todos. L.G.P.

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