domingo, 13 de marzo de 2011

Una pregunta compleja: ¿Quien es negro y quien no en Colombia?


Hace algunos años en una visita familiar una prima, que en aquel entonces tendría unos 7 años, dijo lo siguiente: "Soy afrocolombiana". Su comentario, que solo a mi me llamó poderosamente la atención, evidentemente contrastaba con su edad y con su escasa formación de básica primaria. Sin demora le pregunté el porqué de la afirmación. Ella me respondió:"por mi manilla", mientras me enseñaba una manilla de colores tropicales que guindaba de su muñeca. Apenas si pude contener la risa.

No todas las personas se atreverían a caracterizar su identidad racial con la misma seguridad con que lo hizo mi prima. De hecho, hasta la Constitución de 1991, que reconoció la condición pluricultural del estado colombiano, el tema de lo racial estaba públicamente vedado. Con la nueva constitución, los "negros", renombrados como "afrocolombianos", se organizaron en torno a su identidad étnica y comenzaron a reivindicar los derechos que sistemáticamente les habían sido vulnerados. De ese modo, comenzaron a surgir acciones afirmativas cuyo propósito era favorecer excepcionalmente a las comunidades humanas que históricamente habían estado en condiciones desventajosas con respecto al resto de la sociedad. Con los años, autodefinirse como "negro" dejo de representar la carga peyorativa de antes y de cierto modo comenzó a resultar provechoso. El problema de las acciones afirmativas inició cuando todos comenzaron a percatarse de cuan difícil era definir con certeza quien era "negro" o "afrodescendiente" y quien no. Tan solo hace un mes Cartagena experimentó un nuevo episodio de ese eterno dilema.

Martha Amor, una periodista de la ciudad, aplicó para una beca ofrecida por el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena y la Universidad Tecnológica de Bolívar. Los terminos de la convocatoria especifican con claridad que ella estaba dirigida preferiblemente a mujeres y personas afrocolombianas y que hubieran tenido una experiencia de trabajo con comunidades afrodescendientes. Confiada en su amplia trayectoria periodística, su perfil académico, su condición femenina, su origen caribeño y en la tonalidad ligeramente oscura de su piel, participó de la convocatoria. Sin embargo, y a pesar de haber alcanzado la recta final, perdió frente a otros dos contrincantes. Ella afirma que fue debido a su color de piel tímidamente oscuro y que evidentemente contrastaba con la piel negra de los vencedores. Según su concepto, ella fue discriminada y su condición de afrodescendiente desconocida.

El debate se hubiese quedado dentro de los muros del "Corralito de Piedra", de no haber sido por el periodista bogotano Daniel Samper Pizano quien lo trajo a colación en su columna del diario El Tiempo. Allí expresó su apoyo a Amor, mientras advertía sobre los peligros de revivir categorías raciales heredadas de la colonia. En cuestión de días salieron mas columnas de opinión y el tema se convirtió en un debate de carácter nacional. La psicologa y activista cartagenera Claudia Ayola, criticó la columna y cuestionó la calidad periodística del mismisimo Samper. Se encargo de desmentir algunas de sus imprecisiones y exageraciones, a las cuales ni siquiera Martha Amor se había referido, y concluyó afirmando que las razones por las cuales no había conseguido a la beca remitían a su acomodado nivel social, que contrastaba con la precaria condición economica de los dos jóvenes profesionales que ganaron la beca para cursar la Maestría en Desarrollo y Cultura de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Otras columnas, mucho mas conciliadoras, defendían la importancia de las acciones afirmativas y respaldaban con prudencia la determinación final de quienes abrieron la convocatoria. Pero fue Carlos Diaz Acevedo, un lingüista y activista social cartagenero, quien retomó explicita y enfáticamente el complejo tema de la identidad racial en su columna semanal del diario local El Universal:

Las personas debieran pegarse una bronceadita en cualquiera de las playas de Cartagena o de sus alrededores antes de tomarse la foto a poner en la hoja de vida que se tiene que entregar, o tratar digitalmente la fotografia para poner mas negra la piel de lo que es y no dar papaya porque "papaya ponida, papaya partida", porque la beca esta dirigida especialmente a la gente afro y en esta ciudad a diferencia de otras ciudades no es facil saber quien lo es mas allá del color de piel, porque hoy en dia, contrario a otros dias oscuros, ser negro tiene algunos beneficios.

La identidad racial es un tema sumamente complejo. Para el caso de América Latina y el Caribe al asunto incrementa su complejidad. Basta con hacer una comparación. En Estados Unidos el criterio de identificación racial, es decir, los parámetros que permiten identificar a una persona como negra o blanca, es el factor genético. Sin importar el color de piel, se es negro en la medida en que se tenga por lo menos un ancestro afrodescendiente. Así sea uno. En Estados Unidos se le conoce como "el principio de la gota de sangre". Por tal motivo, allí se es negro o no se es. No hay matices. No existe el "moreno", ni el "café con leche", ni el "trigueñito". Solo existen dos extremos separados entre si: blanco y negro. En América Latina la cosa es distinta. Lo que define la condición racial de una persona es su apariencia fenotipica : el color de la piel, el cabello y/o, los rasgos faciales. Esta forma menos precisa permitió que existieran muchos matices raciales, que algunos intelectuales han calculado en decenas.

Para Cartagena la identidad racial de torna muchisimo mas compleja. Segun Joel Streicker, un antropologo norteamericano que estuvo en la ciudad a finales de los años 80, al lado del fenotipo, un aspecto que juega un papel en la determinación de la identidad racial es el comportamiento. "Negro", en su sentido mas peyorativo, es quien asuma un cuerpo de actitudes y costumbres censuradas socialmente. Desde la forma de vestir hasta la forma de bailar. Quien logre apartarse de esos parámetros de comportamiento, recibirá los beneficios de ser llamado "moreno", una categoría racial menos desfavorable para las personas de color.

Entonces viene la pregunta ¿Quien es negro o afrodescendiente y quien no en Colombia? ¿Será afrodescendiente el cartagenero amante de la salsa brava, la champeta o de cualquier otro genero musical caribeño? ¿Será afrodescendiente el palenquero que aún conserva su propia e irrepetible lengua de claros orígenes africanos? ¿Será afrodescendiente el mestizo que, como en el caso de Martha Amor, es plenamente consciente de sus ancestros afrodescendientes y no tiene reparos en reconocerlos? ¿Será afrodescendiente el "culimocho" del Pacifico Nariñense, quien a pesar de su piel clara defiende sus derechos territoriales y su identidad cultura afrocolombiana? ¿O será que para ser afrodescendiente se necesita del visto bueno de cualquier organización de afrodescendientes (tal como lo exigen algunas convocatorias de programas de becas), cuando muchas de ellas "nacen, se reproducen y mueren" solo en tiempos electorales? Mientras seamos incapaces de responder cualquiera de estas preguntas creo que deberíamos reflexionar sobre el futuro de las acciones afirmativas.

Columna de la periodista Martha Amor:

Columna de Daniel Samper Pizano:
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/danielsamperpizano/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-8853123.htm

Columna de Claudia Ayola:
http://www.semana.com/noticias-opinion/negro.../151899.aspx

Columna de Patricia Martinez, Rectora de la Universidad Tecnológica de Bolívar:

Columna de Cesar Rodriguez Garavito:

Columna de Carlos Diaz:
http://www.eluniversal.com.co/columna/salto-atras

Imagen: ¨Una mulata cartagenera¨ de Enrique Grau