miércoles, 25 de enero de 2017

Rizos rebeldes: la revolución del afro


Cuentan que en los viejos tiempos a las niñas negras les alisaban el pelo con una peineta metálica calentada a las brasas y untada de grasa de cerdo. La práctica era tan generalizada que a las niñas negras se les asociaba fácilmente con el penetrante hedor de la manteca quemada. Pero no había de otra. Los valores estéticos de la época desconocían cualquier forma de belleza distinta a la blanca. Disimilar la negrura suavizando la rebeldía natural del cabello era un recurso indeseable pero ineludible.

Pero los cánones estéticos del nuevo siglo sí reconocen la belleza en lo negro y sus formas. Cada vez son más las mujeres afrodescendientes que se rehúsan a domesticar sus rizos, y por el contrario les reivindican como la orgullosa manifestación de sus raíces ancestrales. Lo que equivocadamente algunos han catalogado como una “moda”, es realmente el resultado de una lucha de décadas por reconocer el lugar del elemento negro en el país, del mismo modo en que años atrás académicos y artistas lucharon por demostrar la contribución cultural de los afrodescendientes, o su participación decisiva en los momentos más críticos de la historia nacional. En los tiempos de la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos las mujeres afroamericanas también lucían sus prominentes afros para desafiar la estética excluyente de la supremacía blanca. 

Pero como suele suceder las aperturas pueden traer consigo efectos colaterales. Insistir en la existencia de rasgos fenotípicos representativos del ser afrodescendiente puede excluir de plano a quienes carezcan de ellos indistintamente de cómo se auto-reconozcan. El descubrimiento tardío de su herencia afrodescendiente le ha permitido a los argentinos un manejo más laxo de las identidades raciales. El color de la piel no excluye a nadie del derecho a ser reconocidos como afrodescendientes. En Colombia por el contrario, los rasgos fenotípicos determinan quien puede o no catalogarse y ser reconocido socialmente como tal. Algunos más avezados dirían que reivindicar una estética asociada a una identidad étnica puede terminar dándole base biológica a lo que en realidad no es más que una construcción social. Es reconocer que después de todo si hay razas diferenciadas por el color de piel y la textura del cabello. Pero son solo ángulos probables de un debate que apenas empieza

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